Al parecer, un gran bloque de hielo se ha desprendido en el glaciar Perito Moreno, allá en la Patagonia. Curiosamente, ayer recordaba en un poema aquellas tierras, entre otros lugares y estados de la materia. Lo copio:
MÚSICA ACUÁTICA
La sombra del vapor, esa perenne
solidez de la huida,
contraluz de las aguas
que se duermen al sol.
O nieve bordeando los raíles
en el Tren de los Presos, junto a copas
de árboles talados y que arraigan
ya tan sólo en la imaginación.
El crujido del hielo al desprenderse
en un glaciar que azulea la vista:
en dos segundos, dos mil años
caen con eterna salpicadura
en una fotografía que tomamos
y no vivirá mucho en la memoria
del ordenador.
Un ancho río
que desemboca en el poniente
y se desangra
bajo el vendaje, tinto como él,
líquida argamasa de la vida
y la reencarnación.
O el epitafio de Keats, que por escrito
en agua, permanece como el mármol
–victoria de la poesía– en el recuerdo.
Este dedo que fluye
con dos terceras partes de H2O.
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