Gira la cerradura torpemente,
lo mismo que una piedra de molino
que el tiempo atasca y traba con su
peso.
Tantos años de usarla el viejo
joven
engrasaron con roce y con
obstáculos
este torpor, la artritis del metal
que como un hombre lento que
rezonga
va arrastrando los pies entre
protestas.
Como quien sube un monte va el
pestillo
renqueando y sin brío. Lo refrenan
el polvo y la invisible telaraña.
La puerta –él mismo– apática se
abre
pues nada ya le espera al otro
lado.
(abril de 2012)
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