EN EL ALFÉIZAR
Has acudido a desmontar la casa:
cruces y medallas y, aún envueltas,
pastillas de jabón que regalaste
sacas de los cajones con su lazo
atado a su recuerdo. Se ha fundido
la bombilla en la lámpara, y levantas
la persiana para que entre más luz.
Y entra, con la vida, entre la muerte.
Junto a pajizos tallos y pelusas,
ajuar que el aire esparce por el piso,
en un rincón oscuro del alféizar,
dos cáscaras de huevos de gorrión.
Minúsculo como uña, en uno de ellos
la amarillenta mancha de una yema
como un sol roto en la mitad del día.
Quizás viviera el otro, sin embargo,
y sea ahora ese canto -fuera, dentro-
que desdice a la muerte mientras cumples
esta sorda tarea funeraria.
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Besos, Tomás