ELIOT EN LA PLAYA
Sin temor a quemarse, con chaleco
que entierra la mitad de la corbata
y su traje de lana de buen corte,
las gafas en la mano junto al libro,
el poeta me observa.
El sol arranca
un brillo del gemelo y, por extraño
que sea, detrás hay una repisa
de chimenea.
Pesa este calor
que apenas hoy la brisa si mitiga.
Con churretes de la crema solar
y entre granos de arena en la tumbona,
con cara de gaviota Eliot me mira,
de todos los lugares el más raro,
en la cubierta de este otro volumen

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