Otro poema de este irlandés afincado en Inglaterra que traduje para la revista Sibila, el British Council, o ambos, ya no recuerdo:
LA ESCAROLA
Solté dos libras a la chica del puesto
por una escarola, una intrincada rueda silvestre,
el verdísimo mandala de la naturaleza.
Mucho dinero, pero lo pagué gustoso
si bien por entonces, inquieto y agotado,
casi todas las semanas decía adiós a algo: mi bici
amarrada a un puntal suelto; guantes y paraguas,
cartera, visa, gafas, todo lo que me dejé en el tren.
Llegué a considerarlo un tributo: un mezquino
pero soportable porcentaje exigido
por mi dios tutelar, que nos mantuvo vivos
aquel invierno, y el siguiente. De forma que pagué
agradecido de volver hasta mi puerta
y entrar en una casa en paz, certificando
ese palpable todo está bien, antes de soltar
el maletín y la compra para dos cuerpos menudos.
Ahora solo le reprocho por ese único objeto
verde y mediterráneo que me dice adiós,
en vísperas de la Navidad, por la costa de Kent.
MAURICE RIORDAN
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