Poeta, diarista, crítico, traductor, José Luis García Martín no solo acoge en las páginas de la estupenda revista que dirige una estable sección sobre "Los caminos del mundo", sino que en sus libros abundan las estampas de lugares más o menos ensoñados, con devociones en las que destacan Nueva York o Venecia. De esta, cómo no, hay hermosas páginas en su más reciente obra, Enigmas con jardín. Pero también no pocas sobre Suiza (con Borges, Rousseau y Byron al fondo) o Portugal (otro paisaje recurrente y jamás agotado).
Tras una singular singladura (no en un buque de crucero masificado que puede asomar de repente como un rascacielos ante la Giudecca), García Martín lleva al lector por sus pasiones y rutinas, en viajes que no solo rinde en el espacio sino también a través del tiempo, con delicadas ucronías como la de "Incidente en Zamora", uno de los más bellos capítulos del libro, donde alguien a quien encuentra observa, como saliendo al paso con ironía de lo que ya pensaba uno: "Si hay que hacer caso de lo que cuentas, siempre te ocurren cosas así. Vayas donde vayas aparece un personaje misterioso, un caserón abandonado, un jardín."
Enigmas con jardín lo abre un repertorio de citas de Chesterton, Baroja o Colette. Entre sus páginas hay no pocas frases que también podríamos entresacar y que figurarían muy justificadamente en los frontispicios de futuros libros. Por ejemplo, estas que abren "De un cuaderno chino" con las que nos parece tener una familiaridad antigua, por certeras y sancionadas por la experiencia:
Este es el poder de la literatura: nos habla de alegrías y nos hace bailar; nos habla de retiros y nos hace sentirnos ermitaños; nos habla de peligros y temblamos; nos habla de indignación y ponemos la mano sobre la espada; nos habla de lo alto y nos hace remontarnos a las nubes; nos habla de lo bajo y nos hace rodar por los despeñaderos. Sacude nuestro corazón, deslumbra nuestros ojos, añade muchas vidas a nuestra sola vida.

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Un abrazo cordial.