Jesús Hilario Tundidor leyendo al lado de Kepa Murua
Como tantos con los que compartió jornadas en Cosmopoética hace poco más de una semana, me ganó con su cordial afecto, con su vitalidad a la hora de pedir una cerveza y requebrar a la camarera aun delante de su esposa, con gracia, con elegancia. Sin afectación alguna, dos expresiones imperaban sobre todas: "cojonudo" (alguna vez "cojonudísimo") y "la leche". Nada parecía anunciar eso la riqueza verbal de su poesía, tan espléndida, exacta y de munífico léxico. Leerlo a fondo y ordenadamente es una tarea que me impongo con gozo para próximas fechas, pero entretanto he ido haciendo calas en sus versos. Como estos, tan hermosos y sinceramente humildes, en los que habla un hombre, no un resabiado literato:
Pues si todo fue extraño
me consoló la espera de la palabra en la carne del cántico,
y así nada pedí y ofrecí aquello
que tuve: el verso
fiel en cuya piel inmersa iba mi vida, por demás poca cosa
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