Son muchos los poetas que prescinden de ellos, y la lista de sus nombres sería muy extensa (¡sin comas entre unos y otros!). Una de las respuestas a por qué lo hace así la he leído esta semana en una conversación entre los poetas Francico José Cruz y Óscar Hahn en la revista Palimpsesto. Y, la verdad, expresado de ese modo, parece irrebatible el motivo. Dice Hahn, y hace casi un poema de su aprehensión: "En algún momento los signos de puntuación me empezaron a molestar. Los veía como hormigas muertas en un vaso de leche."
Son muchos los poetas que prescinden de ellos, y la lista de sus nombres sería muy extensa (¡sin comas entre unos y otros!). Una de las respuestas a por qué lo hace así la he leído esta semana en una conversación entre los poetas Francico José Cruz y Óscar Hahn en la revista Palimpsesto. Y, la verdad, expresado de ese modo, parece irrebatible el motivo. Dice Hahn, y hace casi un poema de su aprehensión: "En algún momento los signos de puntuación me empezaron a molestar. Los veía como hormigas muertas en un vaso de leche."
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