He leído hace poco Una isla en el mar rojo, novela de Wenceslao Fernández Flórez que gozó de abultado éxito al comienzo de la posguerra (mi ejemplar, todavía de 1940, corresponde a la décima edición). Ni que decir tiene que no es uno de los mejores libros del pontevedrés. Le sucede lo que a tantos textos o películas (la novela se abre precisamente con el pase de una en un cine): que los buenos son buenísimos, como malísimos resultan ser los malos. Se le va la mano, entonces, y estropea el guiso de modo que las terribles circunstancias de los escondidos en el Madrid de la Guerra Civil, espectadores impotentes de las checas y los asesinatos, pierden en credibilidad cuando todo adquiere un aire de simplificación, de brocha gorda. Todo miliciano es un canalla de bajos instintos; y si del sexo femenino, una mujeruca desgreñada y horripilante.
Con todo, un escritor como él no puede evitar párrafos, y hasta páginas, estupendos, como cuando describe las emociones que despierta un aparato de radio, aventador de esperanzas, o la escena sobrecogedora, con magnífica elipsis, de unas viejecitas que se sientan todas las noches en un balcón, y presentar cómo en el cuadro negro de la habitación a oscuras se ven dos puntos incandescentes, de dos cigarrillos de quienes se ocultan al terror rojo del título (estupendo y al que el contenido no hace justicia) y un día dejan de verse, se entiende que no porque hayan dejado de fumar los que los sostenían.
Fernández Flórez está, incluso aquí, bien dotado para el humor, y a esto es a lo que quería ir, al giro irónico que nos brinda al final de este párrafo dedicado a las prebendas que reciben los para él mequetrefes intelectuales de cuarta plana: "Haber escrito un artículo en El Sol basta para alcanzar un consulado; haber satisfecho los recibos de un trimestre del Ateneo de Madrid -fábrica de pedantes a lo Azaña- vale una secretaría de Legación; pero si se puede probar que se dejaron a deber dos años en la "docta casa", se obtiene el cargo de embajador." Además de rojos y masones, maulas.

Comentarios
Saludos.
¿El libro también trata con su estancia en los Países Bajos?