Midir había estado cortejando a Étaín un año antes de que fuera a Echaid para jugar al fidchell, pero no lo consiguió. Y el nombre por el que Midir la llamaba era Hermosa Señora; y una vez le dijo:
“Hermosa
Señora, ¿vendrás conmigo
a una
tierra maravillosa en la que hay estrellas?
En lo
alto de la prímula hay cabello;
Todo el
cuerpo es del color de la nieve.
Allí no
hay nada “mío” ni “tuyo”;
blancos
son los dientes, negras las cejas;
son un
placer para la vista tantas huestes;
es
color de digital cada mejilla.
Púrpura
es la superficie de cada llano;
son un
placer para la vista los huevos de mirlo;
aunque
es hermoso el Llano de Fál,
desolado
es al lado del Gran Llano.
Aunque
creas embriagante la cerveza de la Isla de Fál,
más
embriagante es la cerveza de la Gran Tierra;
prodigiosa
tierra es la tierra de la que hablo;
los jóvenes
no mueren antes que los viejos.
Arroyos
dulces y tranquilos riegan la tierra;
se
beben los mejores hidromiel y vino;
nobles
y elegantes son allí todos;
la
concepción es sin pecado, sin culpa.
Vemos a
todo el mundo en todas partes,
y nadie
nos ve a nosotros;
las
tinieblas que trajo el pecado de Adán
nos
esconden
de quien pudiese contarnos.
Mujer,
si vienes con mi fuerte pueblo,
una
corona de oro tendrás en la cabeza;
cerdo
fresco, cerveza, leche y bebidas
tendrás
allí conmigo, Hermosa Señora.
Poema irlandés de finales del s. IX, en manuscritos posteriores, que forma parte de Tochmarc Étaíne (El cortejo de Étaín), publicado por primera vez en la revista Ériu, vol. XII (arriba) y recogido en mi antología Antiguos poemas irlandeses, Gredos, 2001. El fidchell era un juego de mesa parecido al de las damas.

Comentarios
"Antiguos poemas irlandeses" es uno de los mejores libros que he leído.
Saludos,
David