Ha abierto en Sevilla, en la Alameda de Hércules, un local más amplio del que tenía justo en la acera de enfrente la librería La Extra Vagante. Es muy agradable el espacio, luminoso, con una buena selección del fondo y como punto fuerte la temática de viajes. Para cumplir con esa vieja costumbre de los autores, coloqué más visible un libro mío, la antología Poe y otros cuervos (Mono Azul), no por vanidad, ya digo, sino por respetar una tradición de larga observancia en el gremio. De Anne Bradstreet, ahí traducida, una poeta también extravagante por ser de las colonias norteamericanas y mujer en tiempo de escritores masculinos, es este poema:
UNA
CARTA A SU ESPOSO, AUSENTE
EN EL DESEMPEÑO DE UN CARGO
PÚBLICO
Cabeza,
corazón, ojos y vida,
y
más aún, la dicha y la despensa
de
todas mis riquezas terrenales,
si
dos son uno, como tú y yo somos,
¿cómo
sigues allí, de mí tan lejos?
Tantísimos
pasos nos separan
cabeza
y corazón... mas puede un istmo,
como
un cuello, reunirnos ya muy pronto.
Como
la Tierra ahora, lloro a oscuras:
remoto
está mi Sol en su zodiaco,
que
mientras pude gozarlo ni tormentas
ni
escarchas padecí, pues su calor
a
los gélidos fríos derretía.
Mis
miembros, sin ti, están entumecidos.
Regresa,
vuelve, oh Sol, de Capricornio.
En
este tiempo muerto, ¿qué otra cosa
puedo
hacer sino mirar los frutos
que
gracias a tu fuego yo engendrara?
Y
qué dulce placer me proporcionan,
la
viva imagen de su faz paterna.
¡Qué
extraño efecto! Ahora que en el sur
estás,
el largo día me fatiga;
mas
cuando a mí regreses en el norte,
que
mi Sol no se ponga, y arda siempre
en
el Cáncer de mi pecho incandescente,
la
casa hospitalaria de quien es
para
mí el invitado más querido.
Allí
te quedarás, nunca marchándote
hasta
que el triste bando de Natura
reclame
que te vayas de mi lado.
Carne
de tu carne, huesos de tus huesos,
yo
aquí, tú allí, pero los dos un mismo.

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