Claudio Magris
Vuelvo sobre la traducción y sus vicisitudes: ayer leía en el periódico en que colaboro un artículo del escritor italiano Claudio Magris acerca
de la renuncia del papa y, oh milagro, como si
el Espíritu Santo que ilumina al pontífice se hubiera posado también sobre él con su lengua de fuego, el texto
se podía leer en perfecto español sin que en parte alguna se dijera que se
trataba de traducción ni se ofreciera el nombre del traductor. Quizá fuera porque, como observó Walter Benjamin, «la
verdadera traducción es transparente, no cubre el original, no le hace sombra».

Comentarios
Yo no creo en la transparencia de las traducciones: hay un poso histórico y personal innegable en cada traducción; sólo hace falta alejarse un par de siglos para comprobarlo...