El joven e e. cummings
En Zaragoza (la capital aragonesa, no la calle que va a la
plaza Nueva), un dentista ha sido detenido tras arrancar un puente que había
colocado a su paciente cuando esta se negó a abonar la cantidad que aquel le
reclamaba y excedía lo presupuestado. Con tan cruenta acción la cabezonería del
odontólogo se dio maña para ilustrar un chiste de baturros: una especie de “Chufla,
chufla, como no te apartes tú” aplicado a los dientes y con colmillo retorcido.
Me
ha recordado la bárbara extracción a otra, esta feliz, que tuvo lugar en
nuestra ciudad hace noventa y dos años. Tal día como hoy, el 15 de marzo de
1921, e. e. cummings, uno de los más grandes poetas norteamericanos (a pesar de
sus voluntarias minúsculas), zarpó hacia Europa a bordo de un carguero portugués.
Viajaba con el también escritor John Dos Passos, y tras atracar en Lisboa
llegaron a Sevilla justo a tiempo de conocer la Feria de Abril.
Naturalmente,
dio cuenta a su familia del colorido que halló aquí: los coches de caballos,
las atractivas muchachas con sus atuendos exotiquísimos, el baile en las
casetas, el cante… Tampoco faltó la visita a la plaza de toros donde los dos
yanquis en la corte del rey Gerión asistieron a sendas corridas. Pero el
espectáculo sangriento tuvo su prólogo en otro, una muela infectada que le
extrajo un dentista local, no sé si doctor en medicina o barbero sacamuelas. Una
vez arrancada la pieza ulcerada, que desde Oporto le resultaba insoportable,
cummings disfrutó de Sevilla, y el mozo americano tuvo trato incluso con alguna
nativa en cierta mancebía, es de suponer que con las veinticinco libras que
retiró de un banco usando la carta de crédito que portaba, tras dejarse invitar
una y otra vez por Dos Passos.
Lidiaron esa semana El Gallo,
Alcalareño y Chicuelo. También Belmonte, a quien un toro de Santa Coloma mandó
a la enfermería el 19 de abril. Seguramente, no vieron a este nuestros
visitantes, como tampoco la Pasarela, que se desmontó precisamente aquel año y
no llegó a presidir, una vez más, la Feria.
Aparte de hallarlo en la biografía
que le compuso Chaves Nogales, a Belmonte el sevillano puede verlo hoy en los
carteles de la temporada taurina. Yo por ejemplo, lo he encontrado con esa tez
color tabaco suya en un bar muy céntrico. Justo donde estos días, después de implantarlo
hace unos años, la Junta ha extraído a los sevillanos, como una muela que le
dolía (pero a ella), el centro de salud de La Campana. También por una cuestión
de presupuesto. Aún no la han detenido.
(Publicado en El Mundo, edición de Sevilla, 15-3-13)

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