Las condiciones actuales en el medio periodístico o literario parecen marcadas por el signo del cangrejo: los pasos atrás. Hace más de cuarenta años que Octavio Paz ofrecía al joven Pere Gimferrer unos honorarios ("más bien simbólicos", se excusaba el futuro Nobel) de entre $100 y $160 dólares por una colaboración de unas doce o quince páginas en Plural, la revista que entonces dirigía. Tomando el título de la siguiente que apadrinó, podríamos decir que estamos de Vuelta. Atrás, retrógradamente. ¿Cuántos escritores, poetas, articulistas en precario no firmarían hoy esa tarifa que ya se pagaba cuando aún no habían ellos nacido?
Las condiciones actuales en el medio periodístico o literario parecen marcadas por el signo del cangrejo: los pasos atrás. Hace más de cuarenta años que Octavio Paz ofrecía al joven Pere Gimferrer unos honorarios ("más bien simbólicos", se excusaba el futuro Nobel) de entre $100 y $160 dólares por una colaboración de unas doce o quince páginas en Plural, la revista que entonces dirigía. Tomando el título de la siguiente que apadrinó, podríamos decir que estamos de Vuelta. Atrás, retrógradamente. ¿Cuántos escritores, poetas, articulistas en precario no firmarían hoy esa tarifa que ya se pagaba cuando aún no habían ellos nacido?

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