Agapito Maestre viene mostrando a los lectores de EL MUNDO
la cara más amable de México, la que alumbra la cultura, que allí es a menudo de
pasmosa riqueza. Pero al país lo atenazan enormes contradicciones y una élite
intelectual no puede ser confundida con las condiciones de vida –y de muerte–
del resto de la población. La paz de la biblioteca o la animación de las “cafebrerías”
(librerías con café de El Péndulo, que ahora celebra su vigésimo aniversario)
tienen poco que ver con las balaceras o los secuestros exprés.
En Culiacán está uno de los más
encantadores alojamientos de México. En la calle de tal nombre y en la capital
del país, quiero decir (un D.F. que sigue siendo relativamente seguro). Porque,
en el estado de Sinaloa, Culiacán no tiene hostelería digna de reseñar. De uno
de sus hoteles, el Flamingos, salieron hace unos días dos españoles, uno de
ellos sevillano, y ya no regresaron. Nuestros compatriotas no fueron plagiados,
parece (en México plagio significa secuestro), sino ejecutados tras el robo,
pues faltan sus carteras. Fernando Carmona procedía de la barriada Martínez
Montañés, las Tres Mil, en la zona conocida como Las Vegas: un nirvana
comparado con lo de allí, pues en las horas previas a su desaparición morían en
aquel estado quince personas de forma violenta, dos de ellas decapitadas. En el
mismo Culiacán fueron “ejecutados” otros cuatro hombres en la madrugada de este
lunes.
Qué extraño: se baja uno de la
estación de Metro de Sevilla, en la ciudad de México, y cruzando dos calles está
en la de Sinaloa, sinónimo de cártel y sicarios. Pero no el vial capitalino,
sino el estado, es lo que tiene fama de peligroso, como el vecindario en que
moró Carmona, sin que eso quiera decir que los habitantes de uno y otro sean
criminales, puesto que mucho más son víctimas.
En tiempos recientes México ha
emprendido una depuración de sus agentes de policía, a menudo conniventes con
el crimen organizado. Pero el diario Reforma
ha publicado que el 80% de los suspendidos en los exámenes de confianza siguen
en sus puestos por falta de dinero para las indemnizaciones de despedido. No es
baladí: los reprobados fueron 64.000, incluidos 5.821 mandos
Quizá se pueden colocar allí como
maderos muchos jóvenes españoles en el paro. Y no solo ellos. Los asesinados
trabajaban en la venta ambulante. En cuanto a los médicos españoles, tienen
salida asegurada empleándose como forenses en México. De hecho, un forense en
Sinaloa debe de ser el trabajo más atareado del mundo.
(Publicado en El Mundo, edición de Sevilla, el 17-5-13)
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