¡Editores! Qué peligro tienen. Hoy he estado con tres. Uno me ha encargado una traducción, otro un prólogo y el tercero se ha interesado por una reedición. ¡Editores! Benditos sean.
Mi más rotunda enhorabuena, Antonio, aunque creo que no se debe olvidar la sentencia del gran Osvaldo Soriano: "Todo escritor tiene el deber moral de sentir deseos de matar a su editor".
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