Coleridge antes de salir en busca de Gecé
Haber terminado tres novelas en un breve plazo (ahora mismo están siendo leídas por sus posibles editores) y andar empeñado con la cuarta tiene eso: una efervescencia de ideas que exige cabeza más disciplinada que la mía. Si no, durante la continua corrección de las primeras y la simultánea escritura de la última, cómo evitar que la danza hasta el mareo de las neuronas haga que una frase, una descripción, un personaje vaya a parar al libro que no le corresponde. Por ejemplo, que aparezca por una calle de Sevilla, años veinte, un escarabajo verde -taxi en México-; o que Coleridge se levante de una cena para ir al encuentro de Ernesto Giménez Caballero; o hacer que al homenaje a Góngora de la generación del 27 asista, delgada y rubia, la Elena Garro que no vino a España hasta diez años después; o que Maud Gonne se moje los labios no con una Guinness, como pide el decoro espacio-temporal, sino con una negra Modelo. Son, como se ve, novelas con figurantes prestigiosos. Da igual, tal como va el mundo dentro de poco serán desconocidos todos y únicamente redivivos por mi magín, cuyos frutos -no nos engañemos- tampoco leerá nadie.

Comentarios
Perdon usted, pero si se tiene editor, se publica rápido.
Sus poemas no me gustan nada, pero si su base literaria es traducir a otros poetas y navegar por la vida de grandes escritores, me callo. "A esto no le llamo ser escritor nato".
Sí, lo he leído y no me gusta como escribe. Bien con o sin voluntad, personas como tú, gatoflauta, no reconocéis la mayoría de las veces donde está la diferencia de lo que se escribe y lo que se lee y el por qué de tantas publicaciones de un mismo autor.
Una opinión diferente no tiene que ser frustración o resentimiento. Se podría llamar lo tuyo ¿peloteo?, porque te gusta...
creo que no.
En fin.