Estío cansado, podía decir conjugando creativamente en primera persona del singular la fatiga que uno acumula a estas alturas de año. Mucho trabajo siempre, y la cabeza que no detiene su engranaje. Este año, el blog se tomará un respiro en agosto, haciéndolo coincidir con la interrupción hasta septiembre de la columna que publico semanalmente en El Mundo. Y ni siquiera puedo asegurar que en julio sean muchas las entradas. Me siento como el que me sentía hace veinticinco años cuando escribía este poema, que hasta donde sé permanecía inédito (al menos en presentación digital):
CANSANCIO
Los
últimos vencejos de la tarde,
con
canto despacioso y lastimero,
de
malva herido ya el sonoro cielo,
acercan
tu epitafio por el aire.
Te
aguarda un mausoleo hacia el ocaso;
donde
es siempre vivir una derrota,
allí
donde la muerte al fin reposa
del
ritmo fatigado del cansancio.
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