James Boswell pintado por George Willison en 1765
Se dilucida estos días en Almería si las parejas de unos cargos o cargas públicas de la Diputación viajaron a costa del contribuyente a Edimburgo. En la de Sevilla también se investigan ahora turbulencias en su organismo de recaudación, y para no salir de la provincia una operación policial ha registrado inmuebles en Guillena y Salteras, además de en la capital, en relación con un posible cohecho. Se trata de hacer patria, aunque sea chica. La Merca Sevilla contra la Marca España. Porque en el ámbito nacional tampoco faltan los escándalos que atañen al partido opuesto. Y en un ámbito intermedio, en Andalucía, el bochorno de los ERE tampoco es mango, quiero decir manco.
Precisamente
en Edimburgo James Boswell, biógrafo del creador del primer diccionario de la
lengua inglesa, Samuel Johnson, en un libro en que narraba un periplo del
lexicógrafo por aquellas tierras en 1773 se hacía eco de una opinión
coincidente con otra del sabio. Esto pensaba el arzobispo de York: “En tiempos
los partidos poseían un “principio” que les era propio, tal vez absurdo e
indefendible, pero que aún acarreaba cierta noción de “deber”, por el cual los
espíritus honrados pueden ser fácilmente atraídos. Pero hoy son combinaciones
de individuos que, en vez de ser hijos y siervos de la comunidad, se alían para
promover sus intereses privados”. Con todas las excepciones que se quiera, esto
es así, y teniendo en cuenta que la frase fue escrita hace ya dos siglos y
medio se ve que no hemos avanzado.
Se
habla muy a menudo de la necesidad de regeneración de los partidos. Más bien
habría que urgir a la reinvención de la democracia. Aun concediendo el
beneficio de la duda a los primeros, es evidente que se les arrima todo tipo de
rateros. Además, el motivo de su existencia (la solución de los problemas) pasa
a un segundo plano ante su lucha entre bandas. ¿Por el botín? Si no dinero,
roban tiempo y energías que deben solo a la ciudadanía, y siempre parecen a
punto de llegar a las manos, cuando no las meten en la caja.
Es
casi un género literario el dar nombre a las operaciones policiales. Este de la
operación Madeja está muy bien puesto, tanto por el lema de la ciudad de Sevilla
como por lo de tirar del hilo. Tirando, tirando, la jueza va a dejar desnudo a
más de uno. Por culpa de los que codician el lujo logrado con el esfuerzo ajeno,
la democracia, pobre utilitario, está gripada, y hay que llevarla al taller.
Qué cochazos se ven a los “malos”. Contra sus Audis y Mercedes, auditores y alayas.
(Publicado en El Mundo, edición de Sevilla, el 12-7-2013)

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