Calle San Nicolás, en la Casa de la Moneda (Sevilla)
La rodea una legión de bares y tabernas en las calles
Almirante Lobo y Santander, más otras en Adolfo Rodríguez Jurado enfrente de
donde estaba, con su rótulo antiguo y sin tilde como está mandado en la
hostelería antañona, la famosa cerveceria (sic) La Moneda, hoy cerrada a cal y
canto hasta la futurible rehabilitación de su edificio. Pero el atractivo del
pequeño barrio no reside en la animación y el trasiego, en el apiñamiento de
veladores, en las carcajadas estentóreas, sino en su recoleto silencio, su paz.
Es una manzana dividida por una
pequeña red peatonal, afortunadamente sin comercio, o casi. Sus edificios
albergan una empresa de gestión cultural, un teatro, un centro donde se imparte
el italiano, la oficina de empadronamiento (esa otra academia infructuosa de
lenguas y acentos pillados al vuelo), un estudio de arquitectura y otro
pictórico, un taller floral, otro de restauración y, consulado de la
antropología, el Área de Fiestas Mayores. Hasta un escritor reside en ella.
Tiene
esta antigua ceca una calle principal, Habana, y otra que la desidia del
consistorio, al no reponer los azulejos caídos, aceptaba llamar, con nombre de brumoso
aire bretón o gaélico, An Nicol (no bien tomó posesión la actual corporación,
deshizo el encanto céltico y restituyó las letras: San Nicolás). Esta, cuando
no la estorban coches, ofrece una vista preciosa. Y encierra el Patio del
Tesorero (parte del cual ocupa un restaurante) y otro, convertido en
aparcamiento, el Corral de las Herrerías, que colinda con el edificio de Previsión y
la Torre de la Plata (menor, y no solo en la nobleza del metal de la del Oro,
pero también muy bella y mucho más desconocida).
Sería
una lástima que el único lugar desde el que es plenamente visible, esa
explanada, quedara acogotado por la construcción del anunciado Museo de las
Tradiciones con un bar más –¡tan necesario!– cuya licitación ha obtenido una
empresa que parece salida de la vecina oficina de Fiestas Mayores: Feria de
Sevilla. Un estacionamiento subterráneo será bienvenido (desde hace años la
zona no deja de perder plazas de aparcamiento y ya, haciendo caso omiso de las
señales, los vehículos atestan la nueva calle Profesor Morales Padrón). Pero cómo
no mirar con recelo cualquier construcción en superficie. Podría pasar lo que
sucedió en la fachada principal de la Moneda, sobre el arco hoy cegado: por
robar el patrimonio común que es el cielo, el aire, hubo que paralizar la obra.
Y hasta hoy. Eso sí que es, la incuria, una tradición local.
(Publicado en El Mundo, edición de Sevilla, el 26-7-13)

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