No es frecuente que un español entre en su catálogo, y mucho
menos que lo haga un sevillano. El único que recuerdo es Luis Cernuda, que
publicó en ella la edición definitiva de La
realidad y el deseo. Ahora otro poeta que pasó su infancia y juventud aquí
acaba de publicar con el título La
insomne. Antología esencial una selección de sus versos en Fondo de Cultura
Económica, un sello mexicano que estableció su filial española en 1963, el
mismo año en que Cernuda murió, hace medio siglo.
Jesús
Aguado fue alumbrado en Madrid un bienio antes de que la editorial que ahora lo
acoge cruzara el charco, y también en 1963 su familia cruzó el oleaje verde de
Despeñaperros y se estableció entre nosotros, por eso el autor informa que
“nació casi en Sevilla”. Vivió en una urbanización que queda en una especie de
tierra de nadie entre Tomares, Castilleja de la Cuesta y Camas, y también
repartió su decepción por los estudios universitarios entre las facultades de
Derecho, Filosofía y Filología de la hispalense. Precisamente en el Aula Magna
de esta última lo conocí hacia 1983 en una lectura de su incipiente obra. Eran
los años en que se ponía en marcha el Aula de Poesía y Pensamiento María
Zambrano, que, con él como uno de los principales artífices, reunió en La
Rábida a escritores españoles y latinoamericanos en unos encuentros memorables.
Un
día, Aguado se marchó a Benarés, donde ha residido largas temporadas, y de allí
a Málaga y más recientemente a Barcelona (donde también vive otro poeta
aljarafeño, Alejandro Duque Amusco). Ha publicado en editoriales sevillanas
como Renacimiento o Paréntesis, pero igualmente en otras, más que lejanas,
inverosímiles (con cajistas cuyo alfabeto era el del hindi y les resultaba
exótico el latino). Su dedicación a la poesía es absoluta, y a ella se ha
consagrado desde la dirección de colecciones, la traducción (ingente su trabajo
sobre los poetas de la India) o la crítica literaria, además, claro está, de la
escritura constante de su obra única.
No es este el lugar para hacer análisis, pero no puedo callar que es un
poeta fundamental, una voz que crece con su independencia, su autoexigencia
casi ascética, su conocimiento de las tradiciones literarias (y no solo eso) de
Oriente y Occidente. Pese a nacer “casi en Sevilla”, como reivindica, no es un cantor
del localismo, y sin duda puede ser una de nuestras mejores exportaciones a
Hispanoamérica. Lo acredita esta antología, aparecida donde solo tienen cabida
poetas de verdadera excelencia.
(El Mundo, ed. Sevilla, 20-9-13)

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