Cunqueiro, imitando a su Merlín, en fotografía de Julio Ubiña
Los artículos de Álvaro Cunqueiro hay que leerlos sin lápiz a mano. Como uno se ponga a subrayar frases felices y maravillosas, pronto agotará los yacimientos de grafito. Es lo que sucede cuando se lee la recopilación de textos que publicó a lo largo de siete años en la revista Sábado Gráfico y que ahora ha juntado la editorial Follas Novas.
Eran los tiempos del final del régimen de Franco y los inicios de la transición, y los cambios sociales y políticos se dejan ver en algunas de las páginas (las más están dedicadas a asuntos intemporales). Por ejemplo, en "De votos y censos", artículo que vio la luz en diciembre de 1976. Se ocupa ahí el genial mindoniense de la costumbre imperante en Galicia de hacer votar a los difuntos: "siempre se dieron maña los electoreros para que alguien acudiese a votar dando por suyo el nombre de un difunto o de un emigrado de Buenos Aires", escribe. Y tras contar varias anécdotas al respecto, refiere esta, mi preferida:
Me contaron hace años que en una villa cercana a Orense, creo que en el Castro de Caldelas, se presentaron al mismo tiempo dos, de partidos opuestos, a votar dando el nombre de un mismo muerto. El presidente de la mesa, un hombre pacífico que temía líos y golpes, que la elección iba igualada, hizo que consultaba un código, y decidió:
-¡Que vote el de más edad!
La norma jurídica que tanto apetece el gallego, o las "divinas palabras", o lo que quieran, pero la decisión fue acatada.

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