No sabemos cuál será la que nos engulla. Una tarde aparentemente normal nos espera agazapada tras un coche que se salta un paso de cebra; una mañana igual a las demás nos aguarda en las frías losetas sobre las que el infarto derrumba con un gope seco el cuerpo. Lo ha escrito el poeta mexicano Antonio Deltoro:
La muerte,
porosa y ávida,
como la esponja
tiene mil bocas.
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