Que no caigan en manos enemigas.
Desmontando la casa de tus padres,
expurgas las carpetas, los papeles,
en un lento escrutinio de sus años
ya detenidos:
facturas y recibos, y también
las cartas, los carnets,
las esquelas que escuecen.
Ojalá hubieras sido analfabeto.
Triturada lo mismo que una fruta,
toda su vida, que se fue en un zumo
nunca más ácido, y que hoy apuráis
tú y la papelera.
Pedacitos pequeños como lágrimas,
cajones que desfondan los sollozos,
gomillas, fundas, clips, sobres, ficheros:
ojos, pilares que componen
un puente sobre el río del olvido,
un puente recorrido por vez última
que no caerá en manos enemigas.
(A.R.T., 28-10-13)
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