Cada vez que se habla del haiku (ya sea traducido o creado en español y otras lenguas) surge la discusión de si este ha de ceñirse al número de sílabas de la forma original japonesa o puede ser trasladado con elasticidad. Y aquí mismo han opinado al respecto varios lectores que han dejado sus comentarios. La forma, lo mismo en esta composición breve que en otras, es siempre importante, porque no se trata solo de contar sílabas, sino de conseguir ritmos. Pero quién duda que puede haber poemas que sean casi haikus con todas las cualidades de estos. Un buen ejemplo sería este de José Jiménez Lozano, que no autocalificándose haiku lo es absolutamente, incluso atendiendo al precepto de que en el poemita debe manifestarse una estación del año. Lo curioso es que estos tres versos del poeta abulense suman, sí, la canónica cifra de las diecisite sílabas, pero con un cómputo que escapa al 5+7+5. Aquí van, en cualquier caso, con su belleza:
DORADOS
Más dorados los rastrojos
que la luna llena.
Otoño.
Comentarios
Pero recientemente, en una noche de insomnio, me dio por componer un haiku y me he dado cuenta de que, con eso de contar sílabas, uno puede decir cosas que quizá de otra forma no diría, como si el pensamiento se plegase a la forma. Es raro.
Bien, el caso es que he escrito unos cuantos haikus (al menos formalmente creo que lo son, por aquello del 5-7-5), y si alguien muy aburrido quiere leerlos están en aitor-suarez.blogspot.com
Abrazos, siempre
Si Keats levantara la pluma...
Y en cuanto a lo que afirma Amando García Nuño, me quedo con la segunda parte de su aseveración: que la imposición formal estimula muy a menudo. No creo que siempre atente contra la poesía.
Siempre es un placer recalar al lado del fuego y a vista de la nieve.