O para qué serviría, mejor. Porque servir, ya se ve que sirve de bien poco.
El problema es que la recurrente pregunta está mal planteada. O se interpreta mal, siendo correcta. Porque no hay que interrogarse para qué sirve la lectura a quien la practica.
Seamos honrados, que en este caso es lo mismo que egoístas. Si muchos más leyeran, si se ataran a las páginas por decenas, cientos de miles (muchos más en definitiva de los que son ahora), al menos obtendríamos este beneficio: más allá del entretenimiento o la cultura procurados, esos lectores estarían metidos en sus casas, bajo la lámpara, con un libro en las manos. Avanzarían por las ordenadas páginas, con sus párrafos, sus blancos, sus silencios. El aire de sus márgenes, su oxígeno.
Y no serían las hormigas confundidas que estos días recorren como una marabunta ciega, colapsándolos, los centros intransitables de las ciudades.
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Abrazos
Un saludo.