De la mano del CICUS (el Centro de Iniciativas Culturales de
la Universidad de Sevilla) y dentro de su programa Escritorio, el pasado
viernes presentábamos el primer número de la revista Estación Poesía.
Las revistas, como otros
proyectos culturales y en definitiva todas las obras humanas, nacen y mueren. Pero
ellas suelen tener una condición especialmente efímera. A veces, en el primer
número o, resaltando incluso lo frustrado del intento, en el número cero. En
los últimos años han sido muchísimas las que han desaparecido, y muy pocas las
que han surgido. Salen, es cierto, nuevas publicaciones digitales. Pero el
papel va en retroceso. Y, sin embargo, el soporte tiene su importancia. Sobre
la calidad que tengan los textos, el papel impreso otorga sensaciones que
escapan a la pantalla; y algo más: un ritmo sosegado en la lectura, freno y
contrapeso de la bulimia que la red, como una telaraña, tiende para cazar
nuestra atención, casi siempre distrayéndonos. La publicación que ahora se presenta lo hace con un diseño que sirve a esa obsesión mía: la sobriedad en la presentación. Su maqueta es elegante pero sin adornos innecesarios, minimalista casi.
Estación Poesía se publicará en ambos formatos: el papel y el
digital, para no renunciar a las ventajas del primero, para aprovechar las
posibilidades de lo segundo, que hará llegar sus contenidos a cualquier parte
del mundo.
La revista será distribuida en
librerías y también será posible la suscripción. Su periodicidad será
cuatrimestral (primavera, otoño e invierno), y cada número contará con poemas
en español o traducidos de sus lenguas originales, artículos sobre la poesía o
poetas determinados y una sección final de reseñas críticas.
La calidad es el criterio por que
el que quiere regirse Estación Poesía.
Aquí no basta tener un nombre hecho, los poemas se tienen que defender por sí
mismos, por su excelencia. En la revista coinciden autores consagrados y otros
que empiezan, vinculados a la comunidad académica de la Universidad de Sevilla
o no, españoles y extranjeros, de diferentes generaciones, de estéticas
diversas. Si no fuera título ya empleado por Octavio Paz, de quien se van a
cumplir los cien años de su nacimiento este próximo día 31, podría haberse
llamado Plural.
Para encauzar colaboraciones que
aseguren la riqueza de voces, Estación
Poesía cuenta con un comité asesor compuesto por Enrique Baltanás, Juan
Bonilla, Luis Alberto de Cuenca, Ana Gorría, Ioana Gruia y Aurora Luque.
El contenido de este primer
número, es muy muy completo. Hay poemas, aforismos, artículos y reseñas de Juan Carlos Abril, Jesús Aguado, María Alcantarilla, Carlos Alcorta, Hilario Barrero, Francisco Barrionuevo, Susana Benet, José Manuel Benítez Ariza, Felipe Benítez Reyes, Piedad Bonnett, Ben Clark, Pablo Fidalgo Lareo, Trinidad Gan, Álvaro García, José María Jurado, Juan Lamillar, Juan Manuel Macías, Pilar Márquez, Erika Martínez, Francisco José Martínez Morán, Lola Mascarell, Toni Montesinos, José Luis Morante, Manuel Moya, Josefa Parra, Joaquín Pérez Azaústre, Antonio Praena, Olga Rendón Infante, Josep M. Rodríguez, María Ruiz Ocaña, Lola Terol, Álvaro Valverde y Javier Vela.
Las revistas literarias, lo decíamos
antes, han de ser el ámbito en que se codeen los que ya tienen una obra
reconocida y los que empiezan. Retrospectivamente ofrecen las sorpresas de
hallar en sus sumarios voces bisoñas que andando el tiempo se convierten en
referentes indiscutibles. Es sabido, pero viene bien recordarlo ahora, que
Jorge Luis Borges publicó por primera vez un poema suyo, “Himno del mar”, en
una revista editada aquí en Sevilla: Grecia.
Que luego no quisiera reeditarlo, porque le pareciera en exceso ultraísta y
epígono de Whitman, nada importa. Lo que importa es que aquel 31 de diciembre
de 1919 sintió respaldada su vocación, y que hoy en las hemerotecas aquella
página es digna de estudio.
Con Concha Fernández, (directora del CICUS, a la izquierda), Enrique Baltanás
(miembro del consejo asesor, fila superior en el centro) y los poetas (de izquierda a derecha)
Francisco Barrionuevo, Pilar Márquez, Juan Lamillar y Lola Terol

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Un abrazo.