En la columna de El Mundo, ayer, me ocupaba de unas traducciones deficientes. No de Shakespeare, como podría deducirse del título, sino de unas simples placas de tráfico para peatones en la Semana Santa de Sevilla.
En la columna de El Mundo, ayer, me ocupaba de unas traducciones deficientes. No de Shakespeare, como podría deducirse del título, sino de unas simples placas de tráfico para peatones en la Semana Santa de Sevilla.

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