ABC Cultural dedicaba esta semana su portada y cuatro páginas a Walt Whitman, con motivo de la publicación de La extensión de mi cuerpo, la antología del Canto de mí mismo que ofrece en su colección de poesía ilustrada Nórdica. Días antes, respondí un cuestionario a la redactora que ha elaborado la pieza titulada "La generación Whitman", y le aportaba algún nombre de entre los poetas de los que se han recabado versos y opiniones para la ocasión. Aunque el espacio dedicado ha sido generoso, debe de ser mucho lo que se ha quedado en el tintero, no solo de lo dicho por mí, el traductor, sino también de los otros nueve poetas que comparecen: Alberto Santamaría, Manuel Vilas, Juan Andrés García Román, Antonio Portela, Antonio Lucas, Carmen Camacho, María Eloy-García, Elena Medel y Julieta Valero. Aquí va, pues, completo el cuestionario con mis respuestas a Inés Martín Rodrigo.
- ¿Es Whitman «el poeta más original,
más vigoroso, más individual, más intensamente personal que han producido los
Estados Unidos», como llegó a decir Francisco Alexander en «Preámbulo»? ¿Por
qué?
Vigoroso, sin duda. Su vitalismo es
arrollador, incluso su forma: el verso tradicional se le queda corto y, aun
cuidando el ritmo, se alarga hasta el verso libre y el versículo. Ahí forma y
contenido van de la mano: el verso sin constricciones se hace vehículo de un
pensamiento también libérrimo. Ahora, la condición de poeta más individual, más
intensamente personal, podrían disputársela Edgar Allan Poe y Emily Dickinson
en su siglo y, ya en el siguiente, Ezra Pound.
- ¿Cómo definirías la obra de Whitman?
¿Qué influencia tuvo su obra en su vida y viceversa?
Es una poesía que partiendo de su propia
experiencia no se queda en un lirismo autorreferencial, ombliguista. Al
contrario: se abre a los demás, a quienes abraza. Ser enfermero durante la
guerra civil americana le hizo ver el sufrimiento humano. Él siempre aboga por
la dignidad, en un canto celebratorio que no es en realidad a sí mismo (como a
veces se traduce de manera errónea), sino que parte de él, lo más personal,
para unirse con los otros, con todo el género humano.
- ¿Qué secretos encierra su poesía?
Es un poeta pansexual. Se diría que
quiere copular con el mundo, con el cosmos. Las alusiones explícitamente
sexuales, consideradas obscenas, le granjearon la antipatía de los sectores más
conservadores de la sociedad.
- ¿Es Whitman un poeta de lectores
primerizos de poesía?
Puede ser uno de los poetas a los que
los jóvenes dirigen su atención porque es un cantor de la libertad.
- ¿Qué me dices de su influencia en la
poesía española?
Hay mucho de él en Poeta en Nueva York, de Federico García Lorca (no solo en la oda
que allí le dedica). Lo versionaron y tradujeron León Felipe (bastante
libremente) y Borges. En cuanto al tipo de verso, Luis Rosales me recuerda a
menudo a él. Recientemente es perceptible su huella en un poeta como Manuel
Vilas, que lo revindica y se apoya en él en un libro como Gran Vilas (2012).
- ¿Tiene Whitman (o tuvo) herederos?
Ginsberg, Kerouac, Ferlinghetti, Snyder,
lo han sido en su país, por mencionar solo unos nombres. En nuestra lengua,
claramente Neruda. Pero el versículo de Whitman está presente en numerosos
poetas. Sin ir más lejos, el recientemente fallecido José Emilio Pacheco.
- ¿Es reductor ceñir «Hojas de hierba»
al paisaje y contexto norteamericanos?
La poesía de Whitman parte de ese
contexto norteamericano (la esclavitud, que rechaza, por ejemplo), pero no es
en absoluto cerrada. De hecho, el poeta hace una canto a todas las religiones
por lo que tienen de espiritual, más allá de fronteras o continentes.
- ¿Cómo animarías a un lector a leer a
un poeta como Whitman?
Con dos argumentos creo que importantes:
que no es un poeta depresivo u oscuro, sino luminoso y lleno de energía. Y que
logra el justo punto de equilibrio entre el yo y lo colectivo. Además, se
preocupa por cuestiones sociales, y esto es hoy más que nunca importante.
- ¿Tiene su obra vigencia hoy en día?
No ha dejado de tenerla. Sucesivas
generaciones la han leído y admirado. No parece cosa pasajera, porque lo
contingente de su día en realidad se actualiza en cada lector, en su entorno.
Por eso hemos querido ofrecer un Whitman, con una buena presentación y
selección de Juan Marqués e ilustraciones de Kike de la Rubia, en una
traducción para el lector del siglo XXI.

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