Ordenando viejas carpetas, hace ya varias semanas di con un
trabajo que tuve que presentar en otro mes de mayo (¡de 1986!) para la
asignatura de Literatura Inglesa II. Lo hice al alimón con un compañero al que
hace tiempo que no veo, Francisco José Lorenzo Bergillos, y es nada menos que un intento
de elucidación de un fragmento –breve– de Finnegans
Wake, la última novela de James Joyce. Me ha hecho gracia encontrar esas
páginas, y aquellas tempranas peleas con el texto joyceano. Las líneas en
cuestión son las siguientes:
Every dimmed letter in it is a copy and not a few of the
silbils and wholly words I can show in my Kingdom of Heaven. The lowquacity of
him! With his threestar monothong! Thaw! The last word in stolentelling!
(424:32-35)
Hablábamos en nuestro ensayo de la distorsión de las
palabras, por ejemplo silbils, esa fusión de syllables y Sibyls (sílabas y
Sibilas). Aludíamos allí a los llamados “libros sibilinos” de la antigua Roma.
El tercero de ellos trata precisamente de la torre de Babel y de la confusión
de las lenguas (esa idioglosia que se alcanza en el Finnegans), algo que era deseo del propio Joyce en una declaración
recogida por Richard Ellmann: “I would like to have seven tongues and put them
all on my cheek at once.”
Veo que luego recogíamos lo que
la Sibila de Cumas decía de sí misma en las Metamorfosis de Ovidio: que aunque
resultara irreconocible a la vista tras los cambios sufridos, aún sería
reconocida por su voz. Y nos embarcábamos en consideraciones sobre los textos
sagrados, interpretando las wholly words
como holy words, a lo que nos
alentaba la parodia de las palabras dichas por Jesucristo al buen ladrón, esas del Reino de los Cielos.
También el threestar monothong puede,
así, ser una alusión al misterio de la Trinidad. Insisting on the theme of the relationship between the biblical
influence and the fact that Finnegans Wake consists, in large measure, of borrowed texts, we must notice the
“coincidence” of the word “stolentelling” with the alusion to a biblical
paragraph concerning someone who has also tolen (the good thief),
añadíamos.
Hablábamos, en fin, de los
diferentes niveles de lectura posibles en el párrafo en cuestión y en toda la
obra. Y cerrábamos afirmando que Finnegans Wake podía ser considerada una
anamorfosis. Unas palabras de Severo Sarduy sobre el Larva de Julián Ríos
venían en nuestra ayuda: “Una lectura, frontal, figurativa, atenta a los
bordes, conduciría a un sentido que existe, pero que existe sólo como máscara y
clausura de la anamorfosis; una lectura excesivamente lateral significaría la
dispersión fonética, el puro ejercicio letrista.”
Recuerdo (pero no sé ahora dónde estará) que también por aquellas fechas
abordé la traducción de toda una página del Finnegans. Tal vez lo mejor sea que no
la encuentre. El lector interesado
en recreaciones similares y seguramente mejores puede consultar las
realizadas por Víctor Pozanco, Eduardo Lago, Salvador Elizondo o Francisco García
Tortosa junto con Ricardo Navarrete y José María Tejedor.

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