EL
HOMBRE QUE SOÑÓ CON EL PAÍS DE LAS HADAS
En
medio del gentío en Drumahair,
de
un vestido de seda se prendó,
y
por fin conoció cierta ternura
antes
de que la tierra lo abrazara.
Alguien
echó pescados en un cesto,
y
entonces él creyó que estos alzaban
sus
pequeñas cabezas plateadas
cantando
lo que vierte la dorada
mañana
o las lucernas vespertinas
en
una isla olvidada por el mundo
donde
se da el amor junto a las olas;
que
los votos de amor no quiebra el Tiempo
bajo
el techo inmutable de las ramas:
el
canto le privó de su sosiego.
Anduvo
por la arena en Lissadell;
y
dio en pensar en sumas de dinero
y todos los
cuidados que acarrea,
y
por fin conoció prudentes años
antes
que lo enterraran bajo el monte;
mas
yendo por terrenos cenagosos
con
boca gris, sucísima, un gusano
cantó
que en un lugar lejos de allí
residía
una raza jubilosa
bajo
cielos de oro o plateados;
y
que si un bailarín se refrenaba,
y
a sus ávidos pies, uno diría
que
el sol y la luna daban frutos:
y
ante ese canto ya no fue prudente.
Caviló
junto al pozo de Scanavin;
de
los que se burlaban de él, al punto
se
fue a vengar con saña legendaria
antes
de que la noche lo engullera;
pero
una brizna de hierba en la laguna
―cruel
sin necesidad― cantó que existe
un
sitio en que el silencio más atávico
en
su raza elegida impone el júbilo,
no
importa que las aguas encrespadas
batan,
o que la plata tormentosa
contra
el oro del día se levante
y
la noche cual capa los envuelva
y
el amante esté en paz junto a su amada.
El
canto disipó su gran enojo.
Durmió
bajo la cumbre en Lugnagall;
podría
haber dormido a pierna suelta
bajo
la cima fría y vaporosa,
ahora
que la tierra lo guardaba,
si
el verme que alentaba entre sus huesos
con
aflautado grito no dijera
que
Dios había puesto sobre el cielo
Sus
dedos que derraman el verano
sobre
aquel bailarín y el oleaje
que
bate en derredor y que no sueña.
¿Por
qué aquellos amantes olvidados
habrían
de soñar hasta que mueran
y
Dios apague el mundo con un beso?
El
hombre no halla paz ni en su sepulcro.
El pasado jueves, adelantándonos doce horas a los actos organizados en Irlanda, celebramos con la recién creada Yeats Society de Madrid el cumpleaños del gran poeta irlandés (que es también el cumpleaños de Pessoa) a solo un año de su 150 aniversario. Quienes estuvieron allí, en la St. Louis University, pueden dar fe del excepcional ambiente que presidió (podría decir imperó o reinó, pero Irlanda es una república) el homenaje. Se recitaron poemas, hubo música, canciones, qué más se puede decir. Yo leí, entre otros, este poema en mi propia traducción (W. B. Yeats, Poesía reunida, Pre-Textos, 2010). Fue una noche memorable. Muchas gracias a todos los que la hicieron posible.

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