A la mano zurda,
de José Pérez Olivares, obtuvo el IV Premio Iberoamericano de Poesía Hermanos
Machado y ha sido publicado por la colección Vandalia. Se trata de un extenso
homenaje a Leonardo da Vinci, pero no solo es eso. Pérez Olivares se mueve como
pez en el agua en el ámbito de la pintura y la poesía, porque él practica las
dos. Además de los doce poemarios publicados ha realizado también una docena de
exposiciones y ha ilustrado libros de José Lezama Lima, Alejo Carpentier o
Roberto Fernández Retamar, entre otros compatriotas suyos. La mayoría de los
poemas de A la mano zurda son
monólogos dramáticos en los que el protagonista es Leonardo, pero también hay
otros en los que cambia la perspectiva y se emplean títulos que desplazan
muchas toneladas de culturalismo (aunque sea sencilla su ejecución) como en
“Palabras del pintor Otto Dix en la inauguración de su última retrospectiva en
Gera, su ciudad natal (1968)”. Muy hermoso es el comienzo de “Testamento del
artista”: “Tomando en consideración / haber vivido como viven las estrellas. Y
que todo cuanto hice / no fue sino la sombra de cuanto quise hacer. / Y que la
belleza –como el agua- sólo puede / calmar la sed, mas no saciarla.”
Francisco
Ferrer Lerín es poeta que bien pudo, por generación y calidad, haber sido
incluido por Castellet en su antología Nueve
novísimos poetas españoles. Su libro más reciente Mansa Chatarra, que no es realmente un conjunto de poemas sino, de secuencias oníricas espigadas de otras obras suyas. La edición corre a cargo
de José L. Falcó y ha sido mimada por el sello zaragozano Jekyll Hyde, que
confieso que no conocía hace una semana. Me recordado el libro el turbador Sueños de Juan Eduardo Cirlot, y he
disfrutado mucho con “La historia preferida”, “Avellanas” y numerosos otros textos.
Los hay absolutamente irracionales, en los que asistimos incluso a cambios de
sexo del narrador, y los hay también cuentos elaborados, si breves, en la línea
de algunas páginas de Cunqueiro o del olvidado Juan Perucho. También, por qué
no, del Borges gustoso de ofrecer una paradoja o una noticia erudita sobre
cierta rareza.
En
El camino original, Manuel Neila ha
reunido una selección de su poesía hasta la fecha (de 1980 a 2012) en la
colección de antologías de Renacimiento. Neila, más conocido como traductor y
últimamente como agavillador de aforismos en la colección que dirige para esa
misma editorial, no suele aparecer en los censos de poesía a pesar de su
temprana incorporación a Las voces y los
ecos, la antología que José Luis García Martín publicó en 1980. Junto a
muestras representativas de los libros ya publicados, Neila, que posee un gran
sentido del ritmo, brinda catorce inéditos que van del soneto al haiku pasando
por el tanka y que se fijan en la naturaleza o componen un autorretrato doble.
Como observa Luis Alberto de Cuenca en su prólogo: “A modo de vacuna, la poesía
de Neila nos inyecta la dosis de melancolía necesaria para superar la
tristeza.”
Para
finalizar esta tanda, también he leído el libro que ganó el XL Premio Ciudad de
Burgos: se titula Diverso.es, lo
firma Adolfo Cueto y lo publica Visor. En la dedicatoria que ha estampado en mi
ejemplar de este su cuarto poemario, Cueto ha escrito: “Para Antonio, estos
poemas en donde llueve siempre.” Exagera, pero lo cierto es que es muy hermosa
la manera como presenta la precipitación en el poema “Sin techo”, que se abre
así: “Llueve sobre las rectas calles / de la costumbre. Llueve un agua /
posible, misteriosa, secreta; llueve un agua / de dar. Cae callada, pues ése /
es su imperio: su mayor potestad, / estas horas vencidas que nos tienen / sin
bordes. El amor es el manto que nos cubre de pronto.”
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