Me invento un heterónimo y cuando lo pongo a escribir resulta que es tan parecido a mí que se diría que yo soy el suyo: un heterónimo sin imaginación. No somos nadie.
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Aforados son muy pocos. Los demás nos tenemos que conformar con los aforismos.
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Esta mañana en la terraza de un bar:
-Para mí un café con leche. Y para el gorrión, un vaso de agua.
Y cómo brincaba de alegría este con la invitación.
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