Hace ahora dos semanas que se celebró en Sevilla (espero que sea por primer vez, que haya más ediciones) el fleadh que organicé para el Centro de iniciativas Culturales de la Universidad de Sevilla, el CICUS. La primera de las dos noches di una charla que precedió al concierto. Los párrafos que siguen son un resumen de la misma, que dediqué a Brendan Behan en el 50 aniversario de su muerte y a Mícheál Ó Domhnaill, que murió un día de principios de julio de hace ocho años. No sabía entonces que también la segunda noche del Fleadh era en quinto aniversario d ela muerte en Sligo del poeta Michael Davitt, uno de los más importantes en lengua irlandesa de la segunda mitad del siglo XX, ni que la bellísima bailarina que actuó, Sibéal Davitt, era su hija. Dedicada ahora queda, pues, también a este tercer difunto mi intervención.
Como se ve, pesan los muertos, como en el relato de Joyce. Los muertos, que en
la tradición irlandesa nunca está muertos del todo, porque si en un país está
vivo el pasado, la historia, ese es Irlanda. Así sucede con el arpa. Escudo de la embajada y del Estado, figuraba en el cartel del festival. La que vemos también en las monedas se remonta a la del rey Brian Boru, que justo ahora hace mil años se enfrentó en la batalla de Clontarf a los vikingos (en Clontarf, una localidad al norte de Dublín, vive precisamente el acordeonista Fiachna Ó Mongáin, que tocó la segunda noche del Fleadh). La vinculación de la música con este país es notabilísima, hasta el punto de que el presidente
de Irlanda
recibe en Navidad a los músicos y se graba un programa
especial en la sede de la presidencia que luego se emite por la cadena pública RTÉ. Además, Michael D. Higgins, el
actual presidente, es poeta, con varios libros publicados.
Como otras literaturas vernáculas europeas, la irlandesa
discurrió al margen de la escritura hasta la llegada del alfabeto latino con el
cristianismo. Fue ya con este, a partir de la llegada de san Patricio a la isla
(año 432) y la importante labor monástica desarrollada, cuando los monjes
empezaron a consignar por escrito la rica tradición de la isla, que abarca la
prosa, las historias orales de carácter épico, mitológico o de aventuras y
también la poesía: bárdica de alabanza, pero también satírica, y también luego
religiosa.
Un ejemplo muy antiguo es “La canción de Amergin” que aparece en el Libro de las Conquistas (siglo XII) pero que procede de un entorno mitológicos. Robert Graves incluyó una versión propia de este poema en su
libro La diosa blanca.
Y en otras se habla del estrépito musical y del baile, con
fuerte taconeo.
El siglo XIX asistirá a una eclosión de canciones que -es la centuria del Romanticismo- sobre la identidad y la nación. Un clásico es “A Nation Once Again”, de Thomas Davis
(1814-1845), revolucionario irlandés. Davis escribió que “Una canción vale lo
que mil arengas” y que “la música es la principal facultad de los irlandeses”.
Ha sido cantada por numerosos intérpretes y se ha constituido en una especie de
himno del republicanismo irlandés, mil veces en los labios del grupo Wolfe
Tones.
Jamie O’Neill es autor de la novela extraordinaria Nadan dos chicos. En ella aparece en las
fechas previas al alzamiento de Pascua de 1916 el furor nacionalista y la
música que le viene aparejada. Allí asisitmos al canto de “Oft, in the Stilly Night”:
“A menudo en la noche
silenciosa
antes que el sueño me
encadeeene…
Era el borracho que había salido de Fennelly’s, que había
empezado a cantar:
Recuerdos cariñosos
traen la luz
de otros días que me
envueeelve…
La vieja melodía de Thomas Moore. Se quedó parado bajo una
farola de gas, en el interior de su charco de luz, tambaleándose un poco, su
cara cadavéricamente delgada, aunque su voz, a pesar de lo áspera, era
sorprendentemente afinada. Dirigió su canción por encima de los tejados, donde
el cielo de la noche resplandecía, mientras contaba las lágrimas de sus años de
juventud, las palabras de amor que había diiicho.”
James Clarence Mangan (1803-1849), del que se ocupó Joyce en uno de sus más importantes ensayos,
escribió la letra de “My Dark Rosaleen”. “The Fiddler of Dooney” es un poema de Yeats, que evoca también a Raifterí
en su libro La torre. En cuanto a Joyce, se sabe que era muy aficionado a la música (cantaba con buena voz, tocaba el piano y famosa es una fotografía en la que aparece rasgueando una guitarra). La balada “The Lass of Aughrim” tiene un papel decisivo en “Los muertos”.
El poeta y letrista Joseph Campbell es autor de la célebre
“My Lagan Love”, que ha sido cantada, entre otros, por Van Morrison, Mary Black,
Sinnead O’Connor o The Corrs. Campbell escribió en su cuaderno de notas cuando
viajaba por Donegal hace un siglo una estampa sobre un cantante de baladas:
“Un cantante de baladas ha entrado en Ardara. Cae la tarde.
Se para en el centro de la plaza, una figura quemada por el sol y polvorienta,
un típico Ismael trotacaminos. Las mujeres han salido a las puertas a oírlo, y
un puñado de policías, a falta de otra cosa mejor que hacer, se ríe de él desde
la fachada del cuartel. La balada que canta es sobre Bonaparte y la pobre
Anciana. Luego cambia la melodía a “La española”, una canción de las calles de
Dublín."
A Padraic Colum (1881-1972) le debemos la bellísima e incontables veces interpretada “She Moved Through the Fair”. Brendan Behan, hermano de Dominic Behan, autor de “The Patriot Game”, aparece citado en las canciones “Thousands are Sailing” y “Streams of Whiskey” de The Pogues. Él mismo es el autor de “The Auld Triangle”, a menudo interpretada en el repertorio de, por ejemplo, The Dubliners. Y qué decir de Patrick Kavanagh, autor de "If Ever You Go tu Dublin Town", grabada por los mismos, o de “On Raglan Road”, que toma la música de “The Dawning of the Day”, que a su vez toma la melodía de la canción en irlandés "An Fáinne Geal an Lae". Luke Kelly, su primer intérprete a petición de Kavanagh, con quien coincidía en los pubs cercanos al Grand Canal, en Dublín, la ha cantado como nadie.
Comencé hablando de quienes ya han muerto, y de la tradición más antigua. Una tradición que está viva siempre, como cuando
Davy Spillane toca con la quejumbre de la gaita irlandesa “Caoineadh Cú Chulainn”, un lamento por el héore mitológico. Lo compuso Bill Whelan para Riverdance. Y hablando de ese hermoso instrumento: absolutamente recomendable es el disco
The Poet and the Piper, donde Seamus Heaney y Liam O’Flynn repasan viejas composiciones líricas, musicales (O'Flynn, buen amigo del Nobel, tocó algunas piezas en el funeral de este en Dublín el año pasado).
Acabó ya, y lo hago con otra pieza musical, reciente inspirada en la antigua mitología. Parte de un poema de otro premio Nobel irlandés, W. B. Yeats. Es “The Song of Wandering Aengus”, y la canta Christy Moore.
Acabó ya, y lo hago con otra pieza musical, reciente inspirada en la antigua mitología. Parte de un poema de otro premio Nobel irlandés, W. B. Yeats. Es “The Song of Wandering Aengus”, y la canta Christy Moore.
LA CANCIÓN DEL ERRANTE AENGUS
Salí a la avellaneda porque un
fuego
me estaba consumiendo la cabeza;
corté y pelé una rama de
avellano,
y una baya le puse como anzuelo,
y, volando las polillas
blanquecinas,
y, brillando los astros, cual
polillas,
lancé la baya al curso de un
riachuelo
y pesqué una truchita plateada.
Cuando la hube puesto sobre el
suelo,
fui a avivar la hoguera, y
escuché
que algo se agitaba sobre el
suelo
y que alguien me llamaba por mi
nombre:
se había convertido en una joven
con flores de manzano sobre el
pelo,
y me llamó por mi nombre, y
corrió,
y se esfumó en el aire
iluminado.
Aunque me he hecho viejo,
siempre errante
por tierras de hondonadas y
colinas,
he de averiguar dónde se fue,
besar sus labios, y estrechar
sus manos,
y andar entre los altos
pastizales,
y coger, hasta el final de los
tiempos,
las manzanas de plata de la
luna,
y
las doradas manzanas del sol.
(Mis disculpas por algunas irregularidades tipográficas surgidas en el paso del texto a este formato de blogger)
(Mis disculpas por algunas irregularidades tipográficas surgidas en el paso del texto a este formato de blogger)

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http://www.youtube.com/watch?v=5AN9YRPPIWY