Corre estos días por Facebook una de esas cadenas que, si
pandémicas, no es en este caso de una grave enfermedad, pues se trata de
literatura. Con diferencia de horas, Micky Mata e Ignacio Camacho han tenido la
deferencia de pasarme el “marrón” de tener que nombrar diez títulos que me
hayan dejado huella. Aquí van, con dos observaciones que en realidad son tres:
el orden no supone ningún escalafón entre ellas; cito estas obras, que podrían
ser otras, solo porque tuvieron importancia en mi formación como lector y, en
algún caso, como traductor; me disculpará, finalmente, el amigo Ignacio y Miky si
aquí acaba este trayecto como una vía muerta: aunque de buen grado he atendido
a su requerimiento, no quisiera que esto fueraa una carga para nadie (se
admite, no obstante, el teatro o paripé de que si alguien desea recibir el
encargo me mande un mensaje privado y entonces, como por inspiración divina, a
mí se me ocurrirá la encomienda). Sigo, por otra parte, la muy buena costumbre
que he visto en colegas que admiro y ya han respondido a la encuesta, de citar
los nombres de los traductores de esas versiones .
-Demian, de
Hermann Hesse (trad. de Genoveva Dietrich).
-El Coyote (más de
cien entregas), de José Mallorquí.
-Diario de un hombre
engañado, de Pierre Drieu la Rochelle (trad. de Emma Calatayud).
-Poesía completa,
de Edgar Allan Poe (trad. de Pablo Mañé Garzón).
-El caso de Charles
Dexter Ward, de H. P. Lovecraft (trad. de José María Aroca).
-Veinte poemas de amor
y una canción desesperada, de Pablo Neruda.
-Antología poética,
Juan Eduardo Cirlot (ed. de Clara Janés).
-Sonetos, de
William Shakespeare.
La boca pobre, de
Myles na Gopaleen (Flann O’Brien).
-La realidad y el
deseo, de Luis Cernuda.

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