Oigo en la radio una entrevista con quien hoy regenta la
librería más antigua de España. No llega a la época del Cid, que es de 1850,
pero también el establecimiento es un burgalés de pro. Se trata de Hijos de
Santiago Rodríguez. Doblados de editorial, publicaban los libros de texto que
yo usé en el colegio. Mal alumno, ahí empecé a leer desaforadamente: la misma
noche de haber comprado el de lengua devoraba todas las lecturas destinadas al
curso entero. Llegado así en septiembre al final, a lo destinado a junio, ya
podía cerrar el libro sin estudiarlo. Qué recuerdos, qué sintagma proferido con
vocecilla frágil al pedirlo: Hijos de Santiago Rodríguez. Hoy sé, quizás a
aquellas páginas primeras, a su germen, que se trata de un -para mí agridulce-
eneasílabo.
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