Hacía días que me obsesionaba la idea de componer un poema sobre la experiencia de haber recorrido el interior de la pirámide cubierta de Cholula, en el estado de Puebla. Estuvimos allí hace unas semanas, y ayer por la tarde surgió el poema. Es este, con el nombre de ese cerro artificial en la lengua náuhatl:
TLACHIHUALTÉPTL
Bajo el cerro y su verde
somos los gusanos que perforan
la carne de la sólida placenta.
La piedra claustrofóbica se aparta
medrosa y nos contagia el miedo.
Un lento calendario cosmológico
en donde el cielo fue decapitado,
tardamos en salir más que los siglos
en que se fue preñando la pirámide.
En un mundo sin sol, unos minutos
doblan en duración a las estrellas.
Postal antigua de la pirámide cubierta, con el santuario de la Virgen de los Remedios sobre ella.

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