Asombro de nuestra infancia en álbumes de cromos o en los
libros de Ciencias Naturales, últimamente los vemos menos, probablemente amenazados de
extinción. Son los ornitorrincos unos animales (¿o son vegetales, quizá? que ya
me pierdo) inclasificables. Reúnen elementos diversos en integración difícil y
asombrosa.
Así, este libro con el que se estrena Ismael Belda (1977),
en el que hay aves y un autómata, verso libre y una sextina, más tercetos
encadenados y, sobre todo, una narración en pareados alejandrinos que recorre
tanto paisajes reales como oníricos y que constituye una suerte de nouvelle extraña, desconcertante,
sugestiva.
Lo que ha hecho Belda es muy singular. La Universidad Blanca es algo fuera de lo común, a ratos Shelley, a
ratos Merrill, con toques de Darío y de Yeats, sin olvidar a Poe, que gravita y
habita grave y jocundo a un tiempo en “En esta casa”, una de las canciones de
Vesperal, un territorio creado por el autor que, como el atraedor de erratas de
Faulkner, será el ámbito de una novela anunciada y de larga ejecución ya. Casi
siempre hipnótico, este Belda debutante no promete: da.

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