Robert Graves en Cracovia, 1974
En el capítulo XXIII (“Bestias fabulosas”) de La Diosa Blanca, Robert Graves escribe
lo siguiente (la traducción es de su hijo William en la reciente edición de
Alianza):
[…] para pensar con perfecta claridad en sentido poético,
uno primero debe deshacerse de muchos estorbos intelectuales, incluyendo todos
los prejuicios doctrinales dogmáticos: la pertenencia a un partido político,
una secta religiosa o un grupo literario deforma el sentido poético —es como si
introdujera algo irrelevante, destructor, en el círculo mágico que le poeta
traza con una vara de serbal, avellano o sauce y dentro del cual se aísla para
el acto poético. El poeta debe conseguir, cueste lo que cueste, la
independencia social y espiritual, aprender a pensar tanto mítica como
racionalmente […]

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