Ese es el título de uno de los poemas de Las nubes transitorias, libro de Daniel García Florindo recientemente publicado en la editorial Guadalturia. Se trata no solo de una declaración de amor a los libros, sino también a la persona con la que se comparte la vida; en el caso de García Florindo, la también poeta Rocío Hernández Triano. Hay entre esos versos una estrofa especialmente afortunada:
Unamos nuestros libros, sí, pero nunca olvides
cuáles te pertenecen a ti, amor,
porque no quiero ser yo quien te reste
ni quiero disolverme tampoco en tu memoria,
aunque volver atrás sea leer
al revés el palíndromo que somos
como el ave y la nada en el Edén,
en este paraíso de palabras. Por eso,
confundamos, mi amor, tu reflejo y mi imagen,
tu imagen, mi reflejo... más incluso
que en todos nuestros libros. No es ficción
este amor que sostiene nuestra casa.
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