Además de ser viejo conocido de muchos de los que hemos
pasado por Selectividad, Kant tiene, pese a ser prusiano, mucho que ver con
Suiza como si de un Rodrigo Rato se tratase. Sin embargo, él no engañaba. Es con
los relojes de allí, con su legendaria precisión, con lo que puede relacionarse
al autor de Crítica de la razón pura:
todas las tardes pasaba a la misma hora por los mismos sitios, por lo que sus
paisanos de Königsberg ponían en hora sus relojes atendiendo a una puntualidad
que dejaba a la altura del betún a la británica.
De don Immanuel precisamente habla
a sus alumnos el primer día de clase el profesor protagonista de la última
película de Allen, un borrachuzo
que solo funciona con pila de petaca –de whisky escocés– y a cuyo engranaje a
punto de descacharrase le da cuerda una estudiante hasta hacer que suene la
alarma y... El argumento tiene suspense, por lo que mejor lo dejamos aquí. Allen,
como Kant, marca las horas del comienzo del otoño con exactitud cuando estrena
película. Se agradece esa seguridad, esa certeza, no como sucede con la
ortografía insondable de la flamante premio Nobel de Literatura.
Aquí se trata de otra duda: la
zozobra del existencialismo, del sentido de la vida. Allen se basa libremente
en Dostoyevski. También comparte con Hitchcock no solo el gusto por las rubias,
sino, vía Patricia Highsmith, el motivo de que no hay como carecer de un móvil para
no ser pillado, tal sucede en Extraños
en un tren (si no se chafa por un robo de cobre como el del AVE de ayer,
el ladrón estorbando al asesino).
Todas las tardes se comete el mismo crimen en varias salas de cine. Como
siempre, la mejor opción es ser testigo en V.O. en el Avenida, que ha reabierto
hace pocas semanas tras una reforma que ha elevado la calidad del sonido y de
la imagen, lo que se agradece porque las interpretaciones son exquisitas,
aunque no tanto como la belleza un tanto aniñada de Emma Stone (que luce casi la
edad con la que peleábamos con Kant y la nota de Selectividad).
(Propuesta publicada en la edición de Sevilla de El Mundo el 9 de octubre de 2015)

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