Ganador del VI Premio Iberoamericano de poesía Hermanos
Machado, José Manuel García Gil ha escrito en La belleza no está en el interior un libro variado y rico, que
brilla en los poemas sobre la infancia y el paso del tiempo, manifestado de
muchas maneras, desde los altibajos de la fiebre cuando se es niño a las
decepciones amorosas de la adolescencia y al encuentro intempestivo, ya
adultos, de quienes se amaron y el azar les regala un último roce y beso.
Hay poemas, los finales, que
parten de diferentes pinturas (muy bueno el inspirado en el retrato de una
prostituta romana de tiempos de Nerón), y otros, a lo largo del libro, que
tienen su origen en la experiencia docente del autor y su trato con la
chiquillería. Se agradece la falta de rigidez de los versos, que son más
carnales que de mármol. Los hay no pocos memorables y, completos, dos poemas
gloriosos entre otros buenos y muy buenos, lo cual es un balance envidiable. El
primero se titula “Destemplanza”, y comienza con las pesquisas de la temprana
edad en los ratos de holganza que unas décimas propician: “Enfermo / con un
diccionario sobre las rodillas / buscando la definición / de garambaina, de
húsar, / de martingala…” Dos estrofas más adelante: “Enfermo y ya mi padre /
coloca la mano en la frente de su hijo, / la fiebre sin prisas, pautada / por
el pegajoso y denso diapasón del jarabe.”
En el otro poema que me gustaría
señalar también aparece el difunto padre. Su título es “B.B.” La incógnita de
las iniciales se despeja enseguida: “Brigitte Bardot, ni más ni menos, / se le
instaló a mi padre como invitada / de los días de pereza entre dos libros, /
uno de templos de España y otro / acerca de Cristóbal Colón, / de Salvador de
Madariaga, / sobrio cautiverio para aquella hermosa / promiscuidad de mis
tardes adolescentes.” El poema discurre inevitablemente hacia la melancolía de
la memoria, pero antes cuatro versos capturan la paradoja, que es uno de los
mejores combustibles siempre de la expresión lírica. La algo deteriorada imagen
de la mujer despampanante con la que el joven se escapaba al cuarto de baño triunfa
sobre la real fotografiada: “En donde estés, padre querido, / te diré que la
despampanante actriz /soportó peor el paso del tiempo / que aquel póster
descubierto / en el caos benévolo de tu biblioteca.”

Comentarios