El
círculo del Globe, una pupila
con
que mirar el mundo,
y
Shakespeare la retina, el cristalino,
y
el párpado cuando baja el telón.
Superviviente
nato
de
tantas pésimas adaptaciones,
y
triunfador
en
cuentos de verano
o
en los sueños de invierno.
Compañero
de días y de noches
al
traducirme,
mi
maestro de esgrima en el combate
con
las palabras.
Apuntador
a veces de mi vida,
ligero,
grave, bufo, nemoroso,
la
binaria canción de sus acentos
es
pauta de un tictac
que
ha llenado mis horas.
Le
debo tanto que si viene
una
tarde a cobrarme, le daré
una
libra de carne
con
su ventana abierta
al
corazón.
Comentarios