Pádraic Ó Conaire
Hace ya más de un año que no volvemos por Londres, ciudad a la que le va bien ese falso plural como el de los Madriles, por los muchos distintos que alberga. La última vez fuimos a un porrón de conciertos, uno de los cuales fue de Paul McCartney. Lo recordé la otra noche mientras veía el muy recomendable documental sobre The Beatles Eight Days a Week. El mismo fin de semana estaba leyendo un libro importante para la prosa irlandesa del siglo XX, sobre uno de tantos emigrantes, irlandeses o no, que llegaron, y llegan, a la vasta urbe. Aquí, la impresión del protagonista:
“Londain arís! An
chathair mhór uafásach úd atá ag síorshíneadh na ngéag leis na daoine atá i
bhfoisceacht na gcéadta míle di á tharraingt chuici dá mbuíochas, agus lena
ndéanamh ina cosúlacht féin, lena slogadh, lena n-alpadh, lena n-athchumadh.”
“¡Otra vez Londres! Aquella espantosa metrópolis que está de
continuo extendiendo sus ramas con la gentes que se avecindan en ella por
cientos de miles, y que se lo agradecen, y a las que hace a su semejanza, devorándolas,
engulléndolas, transformándolas.”
Deoraíocht (Exilio, 1910), de Pádraic Ó Conaire (1882-1928)

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