Publiqué este artículo en el suplemento El Viajero de El País hace poco:
LIBRERÍAS DE LONDRES
Como ya nada es lo que era, conviene agarrarse a lo que es hoy
antes de que deje de ser. Ya se verá qué es lo que lo sustituye, pero de
momento ahí está el presente, sobre el cual –y sobre su padre el pasado y su
hijo el futuro– escribió brillantemente T. S. Eliot en Cuatro cuartetos. Eliot fue editor y conoció bien el Londres de
excelentes librerías que se agolpaban en torno de la milla de oro libresca,
Charing Cross Road, que ha ido perdiendo locales independientes e incluso eslabones
de cadenas (recuerdo un Waterstones, un Blackwell’s, un Books Etc.) pero mantiene
aún muy alto el estandarte. El subgénero literario de obras sobre librerías
cuenta con varios títulos destacados, el más exitoso el que hace unos años
descubría una correspondencia comercial que viraba a lo personal y tenía como
escenario el número 84 de la calle. De libro viejo, sigue estando allí en el
número 56 Any Amount of Books, y en el 72 Quinto. Pero la parte del león se la
lleva Foyles en el 107 de la calle. Ocupa ahora una ubicación próxima a la
original pero es este un nuevo establecimiento amplio, luminoso, moderno, con
café y sala de actividades que ha dejado como incunable a la vetusta tienda que
lo precedió. Cuenta además con una nutrida selección de revistas
especializadas, no solo literarias, entre las no se echa casi ninguna en falta.
Cierra a las nueve de la noche de lunes a sábado (una hora bastante tardía para
lo que se estila en Gran Bretaña).
No
muy lejos está el barrio de Bloomsbury, que presta su nombre a un grupo
literario en el que descuella Virginia Woolf. El Museo Británico y la
Universidad de Londres garantizan un ecosistema cultural que ha hecho posible
un buen número de librerías, entre las que está, como herencia del espiritismo
que tentó entre otros a Arthur Conan Doyle, las esotéricas The Atlantis y Treadwell’s.
No pongo aquí sus direcciones, que el interesado ya las hallará por algún
médium. Sí, más racionalista y pegada a la tierra, a unos pasos del museo, en el
14 de Bury Place se halla la London Review Bookshop, que cuenta con un familiar
café anexo. A veces prolonga su horario, y siempre se pueden degustar junto a
tentempiés vegetarianos cócteles. En su sótano cuenta con una excelente sección
de poesía. La librería es la sede de un periódico quincenal que no solo
contiene información y crítica bibliográfica sino debates sobre la actualidad
social y política. De igual modo, quitando mesas y poniendo sillas, se celebran
actos, charlas, presentaciones. Hace unas semanas, sin ir más lejos, ha
intervenido Paul Auster.
Si
Londres tiene un centro, acaso sea Piccadilly Circus. En la avenida homónima,
junto a Cordings, donde sir Eric Clapton y yo encuadernamos nuestras tripas (así
se llama al interior de un libro) con chaquetas de clásico tweed, está la
histórica Hatchards, que abrió en el siglo XVIII y siempre ha estado muy ligada
a la realeza. Es una estupenda librería añeja, con moqueta y escalera de
madera, con personal elegante que parece trabajar en un bufete. Parece la
predilecta de los coroneles retirados con bigotillo y de las marquesas que se
han dejado la pamela en casa: tiene por ello buenas secciones sobre historia
militar y sobre genealogía y aristocracia. En un entorno mucho más actual, en
breve transición de yardas a metros se encuentra la principal de las
Waterstones ocupando todo un edificio. Lejanos están ya los días en que bajaba
la persiana como una Cenicienta a la medianoche, pero las diez es una hora
respetable que permite ese lujazo superior al de café, copa y puro: hojear
libros después de cenar.
Al
otro lado del Río Grande de Oxford Street, al norte de ese muro de gente que se
solidifica en las aceras, y en la muy agradable Marylebone High Street, merece
la pena una visita a otro buque insignia: el de la pequeña cadena Daunt Books.
En tres niveles, posee una hermosa galería con balaustrada de roble bañada por
luz natural. Este confortable invernadero de libros con suelo de parquet tiene
también sótano y acomoda libros finos y ladrillos tras la fachada también de
ladrillos, no impresos, de un edificio eduardiano, interrumpidos por el
escaparate con molduras verdes. También publican títulos selectos. Y su fuerte
es una amplia panoplia de libros de viajes que compite con la no tan
hermosamente dispuesta de Stanfords (12-14 de Long Acre, en Covent Garden).
Una
buena librería es un lugar en el que se suspende el tiempo y los números del
reloj ceden a las letras. Con todo, quien quiera echarse temprano a la calle en
busca de libros tiene, además de las sucursales de las estaciones de tren, Blackwell’s
(50 High Holborn), que abre a las 8 de la mañana, aunque su oferta es limitada y
su especialidad la economía.
Fuera
del centro, en el Notting Hill del Napoleón de Chesterton, abrió en 2009 la
coqueta Lutyens & Rubinstein (21 Kensington Park Road), fundada por unas
agentes literarias que saben lo que se traen entre manos y hasta organizan
listas de bodas (cuyos regalos son, naturalmente, libros).

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