Columnas de Éfeso





No son columnas truncas ni completas,
con capiteles o bruscamente seccionadas.
O, si lo son, ya no sostienen
el dintel de algún templo o las creencias
en unos dioses
que, si ahora son viejos, fueron jóvenes
y firmes tallas,
no esta erosión ni la arenisca
que cortejan los vientos y la aurora.
Sus estrías conducen cielo arriba,
lazarillos del tacto, hacia la altura
también sin la techumbre de unas nubes o un mármol,
el uno etéreo, sólidas las otras.
Palafitos de sueños, ¿no levantan
con libre arquitectura la intemperie
de las vidas al raso
que cruzan estas ruinas y no vuelven,
camino de la suya en carne propia?

Sobre las losas grises, desgastadas,
el peso del azul sobre la piedra.

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