Poesía y aforismos




Tratamos ayer Carmen Camacho y yo el asunto de la relación entre aforismos y poesía, tema que da para muchos ratos de conversación, pues siendo géneros diferentes es mucho, sin embargo, lo que comparten. El debate tenía como pretexto la presentación de mi Vida en común (Libros al Albur), pero no quisiera dejar pasar la ocasión sin dejar constancia aquí del excelente libro que Carmen ha publicado este mismo año en la colección Vandalia de la Fundación José Manuel Lara: Fuegos de palabras. El aforismo poético español de los siglos XX y XXI (1900-2014).
            Recoge la antología selecciones de 48 cultivadores del género, alguno de ellos no estrictamente aforista pero sí ejemplar “heterodoxo” en otro soporte: el dibujante Andrés Rábago (Ops y El Roto), de tan acerados y penetrantes textos breves. Junto a los más conocidos Antonio Machado, Juan Ramón Jiménez, José Bergamín o Rafael Pérez Estrada, se incluyen los nombres de Gloria Fuertes, Antonio Fernández Molina, Ramón Andrés y aún otros poco o nada conocidos. Y siempre con la perspectiva de que el aforismo sea poético, tenga esa mirada. En su introducción, Carmen Camacho se hace eco de unas palabras de Erika Martínez, también participante en la antología: “Hasta el día de hoy, el aforismo sigue siendo un territorio gobernado por la prosa del pensamiento. Desde principios del siglo XX, sin embargo, ese territorio tolera rincones donde los galimatías discuten la lógica moderna, la dispersión boicotea la eficacia literaria y las intuiciones caprichosas usurpan el lugar de la pertinencia gnómica. De la razón moral al rapto poético, del pensamiento a la imagen, el aforismo navega bien entre dos aguas.”
            Concentración, paradoja, precisión, rigor, otro ángulo desde el que observar la realidad, son características que vinculan aforismo y poema, pues ambos pueden ser poesía, toda vez que no debemos limitar el concepto poesía para el verso: no solamente es que desde Baudelaire sepamos que hay poemas en prosa, sino que, como han escrito tantos de manera parecida, a veces es en el poema donde menos comparece la poesía. Del reciente libro de Juan Bonilla La novela del buscador de libroses esta frase: “las mejores novelas son poemas de doscientas o trescientas páginas”.
            También hoy el aforismo puede ser instrumento moral, sentencia, apotegma; pero, al menos en mi opinión, ha de serlo desde una posición rebelde, no conforme, que haga frente a la moral predominante (a una de las predominantes, pues lo cierto es que, según los círculos en que cada cual se mueva, coinciden varias). En los aforismos de Vida en comúnque tratan precisamente de lo que expresa el título, lo social, me ha parecido conveniente emitir una nota discordante, algunas veces no conservadora sino abiertamente reaccionaria: la reacción de alguien descreído respecto de muchos dogmas modernos. 
            De la antología de Camacho se podrían espigar muchos aforismos que denotan el mirar poético por el viraje de la lógica, por la irreprochable irracionalidad, por la magia. Valga un puñado de ellos como muestra:

El ciprés crea a su alrededor claustros góticos.

                        JOSÉ CAMÓN AZNAR

La errata es el microbio de las imprentas.

                        ENRIQUE JARDIEL PONCELA

Vivir es fácil. Arduo sobrevivir a lo vivido. 

                        JOSÉ ÁNGEL VALENTE

A veces, al brindar las copas hacen un ruido de puñales.

                        RAMÓN EDER

El corazón: nido precario.

                        FERNANDO MENÉNDEZ

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