Tres libros de poesía





No tengo tiempo ni espacio para reseñar todos los libros de poesía que llegan a mis manos, pero el caso es que me gustaría dejar constancia de los recibidos (aunque me temo que esto tampoco es posible en la mayoría de los casos). Entre los últimos están Crónicas de las aves de paso, de Pablo Fidalgo Lareo, accésit del Premio Adonáis 2017, publicado por Rialp; En busca de una pausa, de Juan Carlos Abril (Pre-Textos, col. La Cruz del Sur); y, por limitar esta entrada a tres, Tantos amos, y yo amando, de Álvaro Romero Bernal (Alfar). 
     Pablo Fidalgo continúa escribiendo sobre sus padres y sobre viajes y el amor. Aquí, hombre atlántico, el escenario es mediterráneo, y junto a lugares italianos aparecen poetas de allí, que allí nacieron o están sepultados, como Quasimodo o Brodsky. En el poema precisamente titulado "Mediterráneos" escribe:

Este es nuestro mar, se está perdiendo,
se está secando,
se está llenando de una muerte
que ya no nos da vida,
que ya no tiene épica.
Este fue nuestro mar:
háblale ahora o calla para siempre.

     Hay mucha indagación sobre el yo en Juan Carlos Abril. En "Por un atajo" escribe:

Quién soy yo,
que aprendí a vivir
con la respiración nerviosa
y el antifaz, las manos hábiles
de un corazón en vísperas.

Quién era aquel 
que hoy
viene tras el rumor oscuro
de la habitación verde
de los remordimientos,
pero no encuentra a nadie a quien contarle
porque se gastan las palabras.

     De Romero Bernal es este poema de su primer libro en el que hay amor y hay mundo, dos y sociedad, salvación y barbarie:

La catástrofe de que el tiempo pase
y no nos hayamos roto del todo
amándonos. 
La muerte pequeña de nuestros cuerpos
en vilo toda la vida, ansiosa, 
para que una tarde cualquiera
tu cuerpo o el mío se queden solos,
enteros, de una pieza,
como si el amor no los hubiera despiezado.
Solo ese sería nuestro fracaso.

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