El esnobismo de las golondrinas




De Mauricio Wiesenthal solo había leído su monumental biografía de Rilke, en Acantilado. Tenía pendiente, pues, además de otras obras, sus dos principales trabajos: Libro de réquiems y El esnobismo de las golondrinas. Recientemente he leído el segundo. No me ha defraudado. 
     La literatura de viajes que me gusta es la que viene acompañada de experiencias personales y de la huella de otros en el camino recorrido. La vasta cultura de Wiesenthal y sus finas dotes para el retrato y el rescate de la anécdota, más un raro humor, elegante, hacen que sea una delicia la lectura de este compendio de lugares y dioses tutelares, de Estambul a Viena, de Londres al escenario rodante del Orient Express. Qué duda cabe de que el autor adorna y a veces fantasea, pero son trucos de magia de guante blanco en los que no hay malignidad, y uno se deja llevar gustoso por el encantamiento. Hay frases y episodios memorables en este centón de geografías y sensibilidades, y un continuo canto al viaje, al nomadismo aunque sea a través de lujos que pocos podrán permitirse más allá del pasaporte casi gratuito de la lectura, acompañado del visado, este sí del todo libre, de la imaginación. 
     Finalizando el capítulo sobre la Costa Azul, he anotado mentalmente estas líneas, que ahora traslado aquí: "Hay demasiadas colas en las autopistas y en los aeropuertos y poca gente que camine a pie. Y habría que recordar que andando fue como Homero encontró, probablemente, el ritmo de sus versos. Porque andar permite calcular, a la vez, el tiempo y la distancia."

Comentarios

ISABEL ha dicho que…
Una maravilla de libro Antonio. Wiesenthal siempre me ha parecido un escritor fascinante, desde que lo empecé a leer en mi etapa universitaria, en la revista de medicina "Jano : Medicina y humanidades", que recibían mis hermanos y que tenía artículos de grandes colaboradores como Nestor Luján, Enrique Badosa... o Mauricio Wiesenthal. Con él recorría el mundo, lugares exóticos y aprendía de las historias que su enorme cultura nos brindaba. Tiene el encanto de la cultura antigua de la vieja Europa. Es un placer leerle y escucharle. Me ha gustado mucho la entrada que has hecho en tu blog sobre este libro. Gracias. Un saludo
Antonio Rivero Taravillo ha dicho que…
Gracias a ti, Isabel. Un saludo.