jueves, 22 de enero de 2009

A MI HIJO, UNA TARDE DE LLUVIA

El parque está sombrío, y la alameda
desierta de los niños que se fueron.
La lluvia, la borrasca han dispersado
a todos a sus casas.
                                   En mi estudio
tu ausencia juega, triste, con los libros
que te han ido supliendo; tus pupilas
leen, inexistentes, los volúmenes.
Porque tú no venías, las lecturas
llenaron mis jornadas, por tu falta
traduje mil poemas.
                                     Hijo mío,
su tinta es ya tu pelo, sus cubiertas
los rostros de tu ánimo mudable.
Discúlpame, debiera haber buscado
tu risa con más celo; con ahínco,
tu mirada de asombro ante las cosas.
Vicariamente vives en las páginas
de hombres que he reescrito en esta lengua
que tú nunca hablarás.
                                         Callado quedas,
mudo entre las vidas que no han sido.
Los versos, las angustias, las metáforas
también los hijos son de tu silencio.

Llueve como en mi infancia, y te recuerdo
en charcos que pisaba con tus botas.

36 comentarios:

Mery dijo...

Qué melancolía mas profunda en la imagen de una ausencia que juega con los libros que le han ído supliendo.
Todo el poema destila una belleza muy singular.
Mi aplauso, silente.

Antonio Rivero Taravillo dijo...

Es uno de mis poemas más recientes y también más sentidos. Hacía tiempo que el tema me rondaba y, bueno, aquí está. Blogger, travieso como un niño, me ha cambado el formato: los versos breves deben ir sangrados hasta donde finalizan sus versos anteriores, como habréis adivinado. Gracias por pasar por aquí, Mery.

carmen serrano gutierrez dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Luis Spencer dijo...

Bien, Antonio. Celebro que nos dejes este poema, te animo y te felicito de veras, me ha gustado.

Un abrazo

Olga B. dijo...

Precioso. Se queda tan claramente en la memoria que me da la sensación de que lo había leído antes.
Felicidades, Antonio.

José Manuel Benítez Ariza dijo...

Me sumo al elogio de Mery; teniendo en mente, en fin, el debate suscitado en "Rayos y truenos" sobre la pertinencia o no de publicar poemas en Internet. ¿Qué piensas de eso?

marisa dijo...

Lo leo y me produce una gran tristeza, " tu ausencia juega,triste,con los libros que te han ido supliendo..." Todo el poema destila ese juego de lo que falta y aquello por lo que es reemplazado. Los dos versos finales son un perfecto colofón, una imagen que uno puede reconstruir en su retina viendo y sintiendo, incluso, el ruido del chapoteo... Un gran poema. Gracias por compartirlo.

Jesús Cotta Lobato dijo...

Querido Antonio, jamás pensé que se podían escribir unos versos tan bellos, tan sencillos y tan sinceros sobre lo que no fue, pero que ahora es tanto. Los dos últimos versos me emocionan.
Ex corde,
Jesús Cotta

ONDA dijo...

Vicariamente vives en las páginas
de hombres que he reescrito en esta lengua
que tú nunca hablarás.

No consigo entender estos versos

El poema es bellísimo querido amigo.

Jesús Beades dijo...

Lo siento, Antonio, pero es de los mejores poemas que te he leído, y a la vez me resulta terriblemente desolador. Es de los raros casos en que, cuanto mejor es el poema, más triste resulta (me ocurre con un par del último libro de Mesanza). Será porque en un poema siempre busco -no en lo literal, pero de algún modo- un rayito de luz, oblicua, menuda, incoada, pero luz. Y aquí me falta. Aunque, insisto, es buenísimo. Un abrazo.

Antonio Rivero Taravillo dijo...

Luis, Olga, qué alegría que os haya gustado este acto de exorcismo atribulado. José Manuel: creo que el teme justifica una entrada independiente. La prometo. Marisa, tu generosidad ya es proverbial. No cambies. Jesús, ex corde, amigo. Un abrazo fuerte. Onda: me refiero a los muchos autores traducidos en ratos que, d ehaber tenido hijo, habría tenido que hurtar (o no, ¡eso nunca!) a mi vástago. Mil gracias a todos por este corro de voces amistosas en torno a este fantasma.

Antonio Rivero Taravillo dijo...

Querido Jesús: no rehuyo la desolación, pero aquí hay conformidad y una suerte de compensación. El alma del hijo habita en la obra, ajena y propia. Un abrazo.

Antonio Serrano Cueto dijo...

Antonio, después del desaguisado de ayer con mi comentario y el de mi hija, te escribo de nuevo más tranquilo para reiterar lo que ya dije: hermosísimo poema, digno de relecturas varias. Yo mismo me dejé llevar en un principio por la ausencia del niño que fuimos y luego entreví la ausencia del hijo. Como en todo buen poema, su primer efecto es la emoción. Un abrazo.

Sergio dijo...

Precioso poema, y difícil, me ha encantado. Me sumo a las enhorabuenas.

Un saludo.

Antonio Rivero Taravillo dijo...

Ay, Carmencita, Carmencita. O Antoñito, Antoñito. No te preocupes, amigo Antonio Serrano Cueto: teniendo en cuenta la temática del poema, hubo algo de justicia poética en el hecho de que tu hija se metiera por medio, o tu por medio de ella. Un coscorrón amistoso para ambos.

Antonio Rivero Taravillo dijo...

Sergio: me emociona que este poema sea de vuestro gusto. Si tiene alguna cualidad es su naturalidad, su inevitabilidad. Tenía que escribirlo, como abogaba Keats, con la misma naturalidad que las hojas crecen en las ramas d elos árboles. ¿Poesía como experiencia? ¿Como conocimiento? En cualquier caso, la emoción genuina que puede llegar a otros. Un abrazo.

Sergio dijo...

Hablando de lo que dices sobre poesía como experiencia o conocimiento, y bajo mi falta de experiencia y conocimiento, la verdad es que desconfío bastante de las etiquetas de los críticos, que comprendo son necesarias para ordenar, etc... Yo creo en una poesía que mezcle esas dos facetas, y muchas más, claro. De acuerdo contigo en lo de la naturalidad, inevitabilidad que lleva a esa emoción clara que atraviesa al otro.

Enhorabuena de nuevo y gracias por seguir compartiendo estos poemas.

Alfredo Oliva dijo...

Antonio, a mí, al igual que a Olga, me parece haberlo leído antes. Tal vez me hayas hablado de él en alguna ocasión.
El poema es hermosísimo y recoge muy bien una idea que hace años planteó el psicólogo Erikson, la de que una tarea fundamental de la etapa adulta es la de trascender nuestra propia existencia. Él lo denominó generatividad, y la forma más clara de alcanzar esa generatividad es teniendo hijos y criándolos. Sin embargo, hay otras vías: educando a la infancia, escribiendo o traduciendo un poema, o simplemente fabricando con tus manos una mesa sobre la que alguién los escribirá.

Un abrazo

Antonio Rivero Taravillo dijo...

Alfredo: tenía yo la intuición de que ibas a dejar un comentario sobre este poema. Gracias por iluminarnos. No confiando en mi mala memoria, y para no repetirme, comprobé que el poema no estaba publicado antes de dejarlo aquí. A Olga y a ti puede que os suene porque tiene un "aire de familia" con algunos otros sobre mi propia infancia o sobre mi padre. He escrito bastante poesía sobre las generaciones que a ti, psicólogo evolutivo, te resultará si no interesante curiosa. La teoría de Erikson es muy sugerente y creo que la experiencia (almenos la mía) le da la razón. Un abrazo.

Olga B. dijo...

No. A mí me "suena" porque suena tan bien que la memoria lo acoge con la misma naturalidad con la que lo has escrito, con emoción y sinceridad. Y eso mueve una sensación parecida al recuerdo(creo).
Me pasa con algunos poemas.
Hoy he vuelto a leerlo y vuelvo a felicitarte.

José María JURADO dijo...

Al haber visto tantos comentarios en la entrada he hecho el ejercicio de leerlos sin mirar el poema, para ver qué de decía éste después. Y no, tras mi lectura condicionada no se han quedado cortos, de lo mejor (y es difícil) que se ha asomado por aquí. Coincido con Jesús en lo de la sensación desolada que deja y no quiero dejar de apuntar la originalidad del motivo. Los hay (poemas) y muchos y en otros sentidos completamente diferente sobre esterilidad femenina y etc. Pero aquí vemos al hombre de letras perdido entre sus libros, buscándose en la infancia, rondado por la muerte. Muy dulce y muy amargo. La Alameda me recuerda a la de los niños de Burnt Norton:

"
Footfalls echo in the memory
Down the passage which we did not take
Towards the door we never opened
Into the rose-garden."

"
Go, said the bird, for the leaves were full of children"

Estos niños que aquí no vienen.

Enhorabuena.

Rafael G. Organvídez dijo...

Antonio, me uno a las felicitaciones por el poema. Me ha gustado mucho la parte de "En mi estudio / tu ausencia juega, triste, con los libros / que te han ido supliendo;" porque en mi caso ocurre todo lo contrario con la más pequeña de mis dos hijas, que suele estar en mi estudio mientras escribo o leo: "En mi estudio / tu presencia juega, alegre, con los libros".

Un abrazo

Antonio Rivero Taravillo dijo...

Olga, eso que dices es lo que más puede ambicionar un poeta: que sus versos parezcan haber existido desde siempre. Cómo muta el niño in phantasma del poema: yo me siento ahora como él, un niño con zapatos nuevos ante vuestra respuesta.

Antonio Rivero Taravillo dijo...

José María: jamás hubiera imaginado que Eliot pudiera estar agazapado tras los versos de este poema. Pero los "Cuatro cuertetos" son, al menos en su planteamiento de eternidad y la contención de unos tiempos en otros, muy vigentes siempre, y quizá -aunque no creo en el tiempo lineal- cada vez más vigente. Gracias por tu sabia lectura y un abrazo.

Antonio Rivero Taravillo dijo...

Rafael: qué tesoro el de tu hija enredándose en sus juegos con tus libros. Retén esos momentos impagables. Un abrazo.

Juan Manuel Macías dijo...

Llego tarde, ay, pero no puedo más que sumarme a los aplausos. Precioso, sencillamente. Mi enhorabuena. Y un abrazo.

Antonio Rivero Taravillo dijo...

Qué bien acompañado está ese hijo. Gracias por pasar por aquí y por tus palabras, Juan Manuel. Un abrazo como una sinalefa.

Tomás Rodríguez dijo...

Un poema en toda regla, lejano de experimentos superficiales. Profundo y atinado, repleto de sentimientos y colocado en el orden en que se coloca "la palabra en el tiempo". Un saludo, Antonio.
http://tropicodelamancha.blogspot.com

Antonio Rivero Taravillo dijo...

"Palabra en el tiempo" evocas, Tomás. Sí, hay mucho de antoniomachadiano en este poema pluvioso y parvulario. Gracias por pasar por aquí y por tu comentario.

Alejandro Lérida dijo...

Gracias de nuevo, Antonio, por tu hermoso y cuidadísimo poema, por seguir abotonando belleza en la belleza. Espero que tu verdadera y lúcida poesía continúe enhebrando por mucho tiempo este ojo de aguja de la mía. (Ya me has inspirado algunas cosas.) Yo que te imagino limando conceptos, apuntalando palabras, recortando adjetivos, barnizando juicios y devociones, y atornillando ideas. Pues eso.
Aguardo con fervor otra lírica estampa de tu imaginación, de tu sensibilidad, tan destilada. Tu verso tiene, a todas luces, ojos de niño a ras de cielo, buena salud de libro entre las manos, tiene semblante de patio embelesado que admira a aquella niña que está poniéndole agua a las rosas.

Cuídate mucho, inventor de belleza. Necesito envidiarte, amar cada palabra del poema como un rayo incesante, mortal y rosa, como ese don de la ebriedad tan nuestro.

P.D.: El díptico de cierre es todo un ejemplo de maestría y alma que equivale, sin duda, a un libro entero.

Alfredo Oliva dijo...

Antonio, me he permitido hacer una referencia en mi blog a este estupendo poema. Espero que no te parezca mal.

Un abrazo

Antonio Rivero Taravillo dijo...

Qué barbaridad, Alejandro. No sé si la cámara de mi ordenador te transmitirá mi rubor ante tus palabras. En cualquier caso, colorado o no, te las agradezco. Vuestros comentarios me animan a perseverar en la poesía, que tantas veces parece amagar con abandonarme. Yo también aprecio mucho tus versos. Un abrazo.

Antonio Rivero Taravillo dijo...

¿Cómo me va a parecer mal, Alfredo? Mil gracias por la glosa y las iluminaciones que compartes desde tu blog, en el que siempre se halla algún motivo para reflexionar.

entrenomadas dijo...

"Llueve como en mi infancia, y te recuerdo
en charcos que pisaba con tus botas".

Yo me quedo enredada en estos versos finales. Realmente hermosos.

Marta

José María JURADO dijo...

Vengo de Rayos y Truenos, ya lo hice en su día, pero hoy en blogosfera es día de glosar también este poema.

Enhorabuena!

E. G-Máiquez dijo...

Es un poema precioso y hermano del mío, como bien dices. "tu ausencia juega, triste, con los libros/ que te han ido supliendo". Qué melancolía.